… y sidra en Oviedo
Continuó el periplo vacacional por tierras astures. Arribamos el sábado a Oviedo, donde habíamos reservado un hotel hiper-céntrico y estratégicamente situado a menos de un minuto andando del Paseo de la Sidra. Vamos, ni adrede. Y como encima llegamos a la hora precisa, directos a comer. Nos falló la sidrería, que estaba llena y nos desviaron a otro restaurante más regulero. Luego un poco de siesta, y vuelta al ruedo. Paseo por el casco antiguo, visita a la Catedral, también estupenda y con una pantalla táctil tipo iphone con la que hicimos bastantes bromas. Al salir, los bares de copas, aunque todos cerrados. Así que iniciamos la clásica ronda de poteo. Esto no era León, y aunque nos sacaban algo para picar dedujimos rápido que habría que pedir raciones.
Dicho y hecho. Tres o cuatro rondas después descubrimos la cebolla rellena, impresionante. Lástima que fuera ya en el último bar, porque hubiéramos repetido. Y lástima que el día siguiente estaba cerrado, porque nos quedamos sin repetir, después de estar salibando todo el día. La primera copa tranquila fue en el swing jazz club, que habíamos visto justo al salir de la catedral y tenía buena pinta. Según entramos, muchas ginebras distintas, whiskys añejos de nivel…. Pues nada, un gin tonic distinto para cada uno. El mío, uno de azafrán; y todos aderezados con nuez moscada recién molida. Tan a gusto estábamos, con una prueba de sonido en la primera copa y anuncio de posterior concierto, que nos pedimos una segunda, en la que algunos cambiaron al whisky. Y luego la tercera, que teníamos buena mesa. Sesión de jazz con guitarra, contrabajo y piano en vivo, buenas copas y buenas compañías. Qué mejor forma de empezar la noche.
Eso si, luego 100 euritos de broma. Ronda por todos los pubs de la zona, en los que íbamos pidiendo Nacho Vegas, Nixon o Australian Blonde. En 2 pusieron Australian Blonde, pero siempre la de Chup Chup; pena de Suddenly o de Chance. Mucha música ochentera y predominio absoluto del castellano. En el último hice migas con el camarero, pero sólo conseguí varias de Héroes a cambio de Bunbury, algo de los Rodríguez en lugar de Calamaro (bueno, luego sonó alguna), y las conversaciones de conciertos de Nacho, Quique y demás. El tío, una mezcla de Salinas y el Baraja de Aída. Yo me descojonaba solo.
Con todo cerrado no quedó otra que retirarse a dormir, con amago de última hora y entrada en razón de lo absurdo de una última copa posterior. Comida de sidrería auténtica asturiana, con unas espectaculares fabes, escalopines y sobre todo un inventazo que tengo que pasar a youtube: escanciador automático desde la barrica en la mesa. Merece la pena verlo, y no te cuento instalarte uno en casa. Mientras el resto se iban a la siesta yo me di un paseo por toda la ciudad por mi cuenta, que luego hube de repetir con el resto. Pero por lo menos conseguí bajar la comida y andar algo, porque no es que hayamos quemado muchas calorías estos días precisamente.
Y como el lunes era laboral por allí, todo cerrado por la noche. Incluso el de la cebolla rellena. Así que después de cenar unas raciones por ahí, nos volvimos al Jazz Club. Y como se les habían acabado las tónicas “normales” (las Fever Tree) nos tiramos el largo y pedimos la Q-Tonic, que hizo que la copa subiera a 12€. Toma, toma, toma Joseba. Menos mal que somos de Bilbao….
El domingo, vuelta a casa vía Gijón. Como ciudad con playa, me pareció menos bonita que Donosti o Santander, pero tenía una pinta de ambientazo…. Así que pendiente queda una próxima escapada de fin de semana, bien sea aprovechando algún concierto, bien sin motivo aparente. Total, en poco más de dos horas te plantas allí.
Escrito el Abril 22nd, 2009 dentro de de viaje.
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