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    texto invitado: Déjame atravesar la Expo con documentos

    Por Morales

    A todos nos gusta llegar a un sitio y que no haya cola. Pero hay una cosa que lo supera: llegar a un sitio con cola y no tener que hacerla. Y si ésta es kilométrica y de varias horas, mejor que mejor.
    El pasado sábado nos embarcamos la pequeña Noe y un servidor en AVE hacia Zaragoza para visitar la Expo convenientemente acreditados para la ocasión. Por fin saqué partido a mi licenciatura en Periodismo y aprovechamos el último fin de semana del evento. Mejor organizado que la de Sevilla de 16 años antes, por cierto. Recuerdo distancias kilométricas en la capital andaluza, pocos sitios para sentarse y casi ninguna fuente. Zaragoza ha andado sobrada en este apartado. Muchos chiringos para comer y baños suficientes. Los contenidos, en cambio, de inferior calidad. La de Sevilla no fue monotemática y ésta sí, lo que ha limitado a los países participantes en su ya clásica “FITUR” internacional, ahora camuflada con el medio ambiente de por medio. Pero vamos, en cualquier caso, nada justifica colas de más de media hora o de siete, como vimos a más de uno el último día.
    Pudimos de este modo disfrutar sin demora de los pabellones de Euskadi, Galicia, Madrid, Aragón, España, Alemania, Francia, Bélgica, Austria, Suecia, Polonia, Lituania, China, Japón, Kuwait, Nepal, América Latina o África. Lo mejor, el alemán, donde te daban un paseito en barca por una especie de país de las maravillas, o el austríaco, donde un par de cracks cantaban clásicos “ureleriuuus” tiroleses dentro de una enorme bola transparente con nieve. De los nuestros, poca cosa, si acaso la proyección del de Aragón.
    Degustamos estupendos bifes a la brasas en el restaurante uruguayo e hicimos lo propio con el arroz con cordero que ofrecía el hindú. ¡Qué zumo de mango con helado! Rediosss.
    Lo más interesante ocurría dentro de los pabellones temáticos. En uno de ellos, la compañía argentina La Guarda realizaba pases de 45 minutos cada dos horas de su espectáculo “El hombre vertiente”. Brutal. Hasta el punto de que a uno de ellos se le rompió el arnés hace un par de meses y acabo en el hospital.
    El Acuario gigante también resultó conmovedor, con cocodrilos, serpientes, iguanas, escorpiones, peces y bichejos de todo tipo.
    Otro reseñable fue el del “Agua Extreme”. Te avisaban de emociones fuertes no aptas para embarazadas, enfermos del corazón o enanos de metro veinte, te ponían un chubasquero y pasabas a una atracción que simulaba un tsunami. Ni pa tanto, la verdad.
    Pero, a lo que íbamos nosotros y este artículo, lo más importante: las 23:30 de la noche del sábado, momento en el que se hizo la luz en el “pabellón del rock”.
    Calamaro visitaba la Expo en el anfiteatro, con entrada limitada, así que desde las 3 de la tarde ya había gente en la puerta para pillar sitio. Los lentos camareros de las barras interiores no dieron abasto, pero menos mal que la acreditación vale hasta para que te sirvan rápido.
    Y salió el bueno de Andrés intercalando clásicos con éxitos de La Lengua Popular. Invitó a su bajista, Candy Caramelo a cantar una rapidísima (supera la original) “Elvis está vivo” y pidió aplausos como minuto de silencio para el Guille Martín (murió en Zaragoza) y un técnico de sonido que falleció en la Expo este verano. Invitó, además al niño Josele y a Jaime Urrutia al calor del amor del escenario del viento, si atendemos las quejas de Andrés en un concierto por encima de un público gélido, salvo en la parte final, debido probablemente al tremendo socaire que pegaba.
    Gran recital, en suma, quizá el mejor de los que he visto a Calamaro. “El día de la mujer mundial” no la escuchaba desde la presentación de “Honestidad Brutal” en el Arriaga, años ha. Muy buen repertorio y suficientemente largo (unas dos horas) en un bolo en el que predominaron las voces y las letras sobre los solos y Andrés se pasó casi todo el rato sin instrumento alguno. Y eso que entraron a cañón cuatro guitarras y bajo en primera línea, con Diego García cojo sentado y otro que le cubría, completando a Candy y Julián Kanevsky.
    Teniendo en cuenta que ha mejorado ostensiblemente con la voz, el argentino puede y debe acabar como Frank Sinatra, deleitándonos con ella al 100% por delante de una “big band”.
    El setlist fue más o menos así (no garantizo el orden, pero sí las canciones):
    El Salmón
    Los Chicos
    Todo lo demás
    Mi gin-tonic
    A los ojos
    Carnaval de Brasil
    Todavía una canción de amor
    5 minutos más
    Elvis está vivo (canta Candy)
    Crímenes perfectos
    Jugar con fuego
    Sur (El niño Josele)
    Estadio Azteca (El niño Josele)
    Te quiero (Urrutia)
    El calor del amor en un bar (Urrutia)
    El día de la mujer mundial
    Los Aviones
    Alta Suciedad
    Loco
    Crucifícame
    Me arde
    Flaca
    Sin documentos
    Canal 69
    Paloma

    Y después nos fuimos al pabellón de Austria, lo único que quedaba abierto. Un par de bailes en una mini-disco internacional. Al salir el segurata austríaco que me para en la puerta por llevar la copa:
    -No se puede pasar con la consumición.
    -Es que no voy a pasar. Voy a salir.
    -Ah.
    Si le digo “yo leo a Kirkegaard” me hubiera dejado igual. Siguiente.

    Commentarios

    Comment from admin
    Fecha: 15 Septiembre 2008, 9:41 pm

    Que jeta con lo de las acreditaciones, aunque qué cojones, hay que sacar partido a hacerse otra carrera pasados los 30. No todo va a ser recurrir a Rafa y Ramiro. Me diste mucha envidia cuando llamaste con la mujer mundial, realmenete es una versión impresionante la que están haciendo en la gira, y no me suena que la tocara en el Arriaga. El setlist básicamente el mismo que en Bilbao y Valladolid, y hasta el homenaje al técnico de la Expo y a Guille los hizo en Valladolid también.
    Pero me quedo con lo del segurata y Kirkegaard. Además quitaban ya la Expo, como mucho te hubieran dejado 24 horas en el calabozo del pabellón austriaco.
    Por cierto, este viernes creo que pincho en el Azurro, lo confirmaré en el siguiente post

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