Sydney
Sydney. Con Y las dos, que yo creía que la primera era latina. Tras un apacible vuelo desde Singapur (como se nota la diferencia entre una compañía de bandera y las low-cost, jose) aterrizaba en Sydney un poco chafazo después de la paliza anterior y de haber cogido algo de frío en el autobús nocturno de Kuala Lumpur a Singapur. Y encima el día tampoco era el mejor, con lluvias intensas y continuas, así que aproveché para hacerme un poco con la ubicación del hostal (muy buena la verdad) y un par de visitas a la catedral de St. Mary y la Galería de Arte de Nueva Gales del Sur, bastante decente.
Sin mucha prisa en la mañana del jueves 27 me di un paseo hasta la zona de “The Rocks”, la parte antigua, y desde allí hasta debajo del famoso puente de Sydney. Y como había ganas de ver lo típico, paseo hasta la más famosa aun Casa de la Opera, que me defraudó un poco. No sé, esperaba algo más rompedor, pierde en las distancias cortas. Me quedo con el Guggenheim, aunque evidentemente hay que reconocer su momento histórico; pero tal y como leí en la prensa local, necesita una inversión enorme para mantenimiento si quiere seguir funcionando. Y en mi debe, tampoco hice el tour para verlo por dentro, que seguro que impresiona. Desde la Ópera enfilé a los jardines botánicos, con su Government House en medio, el conservatorio, las vistas desde el puente de Mrs. Macquaries… Luego me monté en un ferry gratuíto a Cockatoo Island aprovechando la Bienal de Arte que se celebra en la ciudad por estas fechas, pero sobre todo para ver las vistas de la bahía a la vuelta. Que tampoco me parecieron tan espectaculares como me las habían vendido (es lo que pasa siempe, no hay que ir con espectativas muy altas a los sitios, salvo a San Mamés que nunca defrauda). Eso sí, la vuelta coincidió con la inauguración de “Vivid Sydney”, un evento cultural que este año dirigen Lou Reed y Señora y que incluye conciertos (también uno para perros, pero no me pillaba en la ciudad) e iluminación de los edificios históricos con proyecciones de todo tipo. Este día solo vi la iluminación sobre la Opera House, y la verdad es que así ganaba.
El día siguiente tocaba seguir pateando la ciudad en busca de sus edificios no icónicos pero que aun así merecían visita: el ayuntamiento, el edificio Queen Victoria (todo tiendas por dentro, que aproveché para ver mi primer ipad, todavía no tengo claro si me voy a comprar uno o no) y la catedral de St. Andrews. Y a mediodía, ferry a Manly, una de las zonas de playa famosas. Ahí me hice una excursión interminable de más de 10 kilómetros por caminos de todo tipo y condición hasta Spit Bridge, y a la vuelta a la ciudad me hice el circuito de los edificios iluminados de Vivid Sydney, empezando por la Opera y siguiendo por el conservatorio, la biblioteca, el parlamento, el hospital, las barracas de Hyde Park (tienen su propio Hyde Park, más pequeño que el de Londres), la Catedral de St. Mary y el Museo Australiano. Todo muy bonito, con proyecciones sobre la historia de la ciudad, datos, fechas, textos, imágenes…. pero poco práctico en el sentido de que era complicado de leer. La sorpresa del día fue encontrar un restaurante español con un cartel de Estrella de Galicia (y otro de Martín Codax) fuera. Estaba hasta los topes, así que lo dejé pendiente para otro día. Intenté hablar con el Sr. Bogavante para desearle una feliz boda desde la distancia, pero no hubo manera. Aun así, ya me han llegado las informaciones confirmando el éxito del evento.
El sábado había mercado (Paddys Market) en Chinatown, así que me acerqué; mercadillo más que mercado, pero momentazo dar con el puesto de una china que estaba escuchando un cassette de Julio Iglesias en castellano. Comí por la zona en uno de los peores buffets del mundo (era sábado, tocaba wok/chino). Terminé de visitar la zona de Chinatown y me acerqué a Darling Harbour, una de las zonas de moda y donde está el acuario, que era el motivo de acercarme hasta allí. Dios, que adictivos son los tiburones, y el mar en general… ¡quiero un acuario gigante en casa!. Y los pinguinos, aunque eran pequeños, molan también. Muy buena experiencia, me gustó mucho. Por la noche me metí en un par de bares con música en vivo, pero apenas media hora en cada uno. Era entrar e ir terminando la actuación.
Otro mercado tocaba el domingo, en este caso el de The Rocks, más enfocado a la artesanía. Y desde allí, a cruzar el puente de Sydney. Gratis, pero por abajo (por donde los coches, vamos). Porque la broma de treparlo son ciento y pico euros que como que no. Había otra alternativa para subir y bajar por unos diez euros, pero tampoco lo hice. A lo barato. Tras ir y volver por el mismo precio, me acerqué a Custom´s Hose porque lo recomendaban las guías, y aproveché para leerme la prensa de Los Angeles, que hay que ir cogiendo ideas. Luego al Museo de Arte Contemporáneo, y luego ya a oscuras, tras haber comido en el Burguer King que aquí no se llama así sino Hungry Jack´s, me subí a la torre de Sydney (cogí un pack de entradas del acuario con esto y el Wildlife World), que estaría muy bien si no fuera por que está cubierta y con la iluminación interior hay reflejos por todos lados. Que se podía hacer subiendo un poco más, y por otros 40$. Aquí todo tiene precio.
El lunes 31 tenía previsto un poco de naturaleza y aventura, así que me cogí el tren que llevaba hasta Katoomba, punto de origen para la excursión a las Blue Mountains. Pero a medida que nos alejábamos de Sydney el tiempo empeoraba más y más, así que cuando bajé del tren había lluvia fuerte, viento y un frío del carajo. Aparte de una niebla estupenda que hacía imposible ver nada, claro. Así que me tomé un cafecico para esperar al siguiente tren, asumí las 5 horas perdidas, y al llegar a la city me fui al Wildlife World este, una especie de zoo del mundo salvaje. Un cocodrilo grande pero nada espectacular, unos pocos kanguros, bichejos varios y unos koalas monísimos. Estuvo bien, pero ya de ir a un sitio de estos mejor un zoo, digo yo, que ya te ves todo. Por la noche tocó decidir que hacer lo siguiente, así que me reservé el vuelo y hostal en Melbourne, próximo destino.
Escrito el Junio 8th, 2010 dentro de vuelta al mundo.
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Commentarios
Comment from Santa Ana 27
Fecha: 10 Junio 2010, 12:00 am
¿Qué tal Willy Fog?
Me llegó la postal el otro día de Camboya. ¡Qué ilusión!
Recibir una postal desde el extrarradio lejano de Bilbao y que se acuerden de uno es la repera.
Pásalo bien y no tengas nada de cuidado que así te pasarán cosas aún más interesantes.
Saludos de toda la familia.
Comment from bertol
Fecha: 10 Junio 2010, 1:19 pm
qué tal los koalas? más bonicos que las ardillas?
en fin jose, coge ideas para los angeles que harán falta
Comment from Javi
Fecha: 11 Junio 2010, 10:19 am
Los koalas son super chulos, me encantan. Nada que ver con las ardillas de Londres. Procuraré investigar algo de LA y la West Coast desde aquí, pero no tengo ninguna guía (que creía que tenía) así que iremos sobre la marcha.




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