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    courses: Master Finanza

    Semana Santa lisboeta y coruñil

    Aunque no empezó con buen pie debido a un percance nada más salir, podemos decir que las vacaciones han merecido la pena. Turismo y fiesta a partes iguales, risas por doquier y optimismo perserverante.

    Porque hay que ser optimista para descojonarnos cuando nos quedamos tirados en la autopista anets de llegar a Burgos, con una rueda reventada “por una cuerda” que no pudo esquivar Garret, en ese momento al volante. Lloviendo a cántaros, sin rueda de repuesto en la super VW Touran que nos habían alquilado, en espera de una grúa al principio y de otra después con el coche de reemplazo, que venía del aeropuerto de Bilbao y llegó unas tres horas después del percance. Pero en todo momento riéndonos, sin malos rollos, sin ponernos nerviosos… así da gusto quedarse tirado! Nos trajeron una Meriva o similar (los coches no son lo mío; sólo sé que éste no tenía mp3, lo que nos dejó sin poder escuchar los discos que llevaba) y pudimos seguir el viaje para llegar a Salamanca a eso de las 3 de la mañana.

    Hacer noche, desayunar y salir para Lisboa fue todo uno. Aunque antes hicimos una parada a comer, aprovechando que junto a los castillos siempre hay algún restaurante o similar. Al llegar a Lisboa ya no llovía, y aunque el GPS nos volvió a llevar hasta el hotel, éste seguía sin ganarse la confianza de los incrédulos. Era miércoles, casi de noche, y para cuando nos acicalamos ya no se podía visitar nada. Así que optamos por coger el metro e irnos al centro a cenar y dar un garbeo. Nos metimos en un garito con pinta decente, y Rubén y yo nos dimos al arroz con bacalao a medias que no estaba mal. Las primeras cervezas portuguesas ya habían caído, pero ahora tocaba la noche. Poca gente, y todos extranjeros de fuera; se notaba que el jueves o quinta feira era día hábil allí. Entramos en un pub latino, y nada más entrar suena “Estadio Azteca” de Calamaro. Flipante. Luego Fito, y luego ya los éxitos latinos del momento que como que no. Así que buscamos otro… “Cervezas a 1€”. Genial! Salvo porque a Rubén y Zalo no se les ocurre otra que pedirla en vaso de cristal en lugar de plástico, por lo que suben a 3€. Bronca después, Rubén se desquita pidiendo 10 de golpe a 1€. Y en esas aparece Santi, mi hermano, previa llamada para ver donde estábamos. Como en casa, vamos. Mientras Rubén, Garret y Zalo hablaban con el Rincewind gallego y su señora…

    Nos volvimos a separar y tras deambular por algunos garitos con escasa fortuna, volvemos al inicial. Empezamos a hablar con una pareja noruega; ella totalmente borracha, él raruno, porque no sé por qué motivo me hizo hablar en alemán para decir luego que prefería inglés, pero al cabo de media hora de partirme los sesos. Crappy…. Garret hablaba en francés con la chica, a la que convencimos para que pidiera la de Chiquilicuatre, que nos pusieron en la versión nueva. Pero todo acaba y todo cierra, y tuvimos que emigrar a sitios peores, donde terminé cantando Strawberry Fields con el noruego. Poco después de las 3 estábamos cogiendo el primer taxi al hotel…

    Los taxis son baratos. Será porque ya están amortizados, porque la gasolina es +/- un 20% más cara que aquí. Pero eso sí, los coches… Todos Mercedes, con unos veinte años de media. Siempre que cogíamos uno jugábamos a adivinar los kilómetros. De los que estuvimos ganó uno de 1,769.000 kilómetros, pero los taxistas decían que había hasta de 4 millones.

    El primer día de visita nos llevó por el centro y la zona del Castillo (sin entrar), para ir a comer a un rodizio brasileño (Chimarráo) en la zona de la Expo. Fuimos después de haber “picado” una hamburguesa en una terraza a mediodía, así que sin mucha hambre. No muy inteligente para ir a un rodizio, pero había capricho. Menos sabrosa la carne que en Brasil, pero no comimos mal. Y barato. Hicimos luego momento siesta para salir ya al anochecer a la zona de las Docas (las docks of the bay). Tras un paseillo y ver la zona nos decidimos por un irlandés, donde cayó una mass de cerveza por persona antes de decidirnos a picar algo con unas pintas. Luego hubo un conciertillo de un tipejo con su guitarra y bases grabadas haciendo clásicos de rock, con un niño de unos 10 años sentado con sus padres cerca nuestro y que se las sabía todas el muy cabrón… Intentamos ir a alguno más, pero el poco ambiente que había estaba sólo en un local que pretendía cobrarnos 20€ con cuatro consumiciones a cada uno, que de precio está bien, pero requiere demasiada dedicación para lo que apetecía a esas horas. Así que al Barrio Alto otra vez. Mucha más gente, las mismas ofertas para comrpar drogas varias, pero los sitios cada vez más pequeños… Los bares son mínimos, y la gente se queda en la calle, a pesar del frío. Ya estaban de fiesta los portugueses, y no había sitio para todos. Estuvimos en un par de ellos, pero como el día siguiente queríamos madrugar… pa cama!

    La sexta feira era para las excursiones: parada en Cabo da Roca, con un viento de puta madre pero un paisaje espectacular, Sintra y Cascais. Comimos en un indio en Cascais, cosa que no sé si podrán perdonarme mis acompañanates…. pero yo comí de puta madre. Visitamos un monasterio de agustinos creo recordar, aunque más bien estaba hecho para los 7 enanitos. Hecho en las propias rocas y con “puertas” que no creo que pasaran del metro cincuenta. Nos quedamos sin ver el Palacio y el Castillo, pero a todo no daba tiempo. A la vuelta paramos en la zona de Belem, donde nos encontramos sin previo aviso otra vez con Santi y su grupo (también habíamos coincidido en el Castillo en Lisboa), que nos recomendaron el sitio para cenar. Un italiano junto a la discoteca de Malkovich. Pequeñito, eso sí, y haciendo cola para sentarnos. Pero cenamos unas pizzas caseras estupendas. La idea era ir luego al local de Malkovich, que es el sitio de moda en Lisboa y debe ser espectacular. Nos habián dicho que eran 12€ de entrada con un par de copas… genial. Pero al llegar, resulta que había una lista y no estábamos en ella (si llegan a avisar, hubiera llamado a John), así que la entrada-consumición mínima era de 180€ por persona; pelín exagerado para mis gustos. Así que nos volvimos al Barrio Alto. Mismos problemas de superpoblación que el día anterior, y nosotros en plan tranqui. Primero una mesa por aquí, luego un garito de jazz con otra mesa (me tomé un ruso negro, que no estaba mal pese al golpe a la tráquea inicial) en plan más tranqui aún…. y un último intento de animarnos. Pero el mismo problema que en Bilbao y medio mundo: los bares cierran muy pronto. Así que a eso de las 4 nos volvimos al hotel para descansar antes de la etapa galega. Que irá en el capítulo 2

    Commentarios

    Comment from anaia
    Fecha: 26 March 2008, 9:18 pm

    en lisboa no compreis drogas por la calle, primero porque la droga es mala y segundo porque por lo que nos contaron dos pardillos españoles, vendían cera o algo así… si es que no se puede uno fiar ni de los camellos.

    Comment from garret
    Fecha: 26 March 2008, 10:48 pm

    Buena crónica, si señor. Déjame añadir algunos detalles de mi cosecha.

    El segundo vehículo era una Zafira, que para mi gusto, tiene menor calidad que la Touran. Sin embargo, no nos quitó el buen humor, como bien dices.

    El convento era de los Capuchos (no de los agustinos), situado en la sierra de Sintra, tras subir una larga y estrecha carretera entre montes. Un convento del siglo XVI fundado por Don Álvaro de Castro. Dice la leyenda que el noble se había perdido en la sierra durante la búsqueda de un venado, quedándose dormido bajo unas rocas. En sueños le fue comunicada la necesidad de construir un templo cristiano en la zona (más información, en Wikipedia por ejemplo).

    El de los Jerónimos era el Monasterio de la zona de Belém que también visitamos y en el que estaban celebrando misa en portugués, evidentemente. ¿Vimos algo relacionado con los agustinos? no lo recuerdo …

    Como veis, bastante turismo “cristiano”, aunque no seamos muy creyentes que se diga.

    “Es como todo”, una coletilla muy usada estas vacaciones y que estoy seguro que traerá cola … ya estamos pensando en el siguiente. ¿Oktober quizá, Bordeaux tal vez?

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