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    courses: Master Finanza

    sábado bizarro

    No solo de cine vive el hombre, así que, cómo no, el pasado sábado también salí. Y para variar, me lo pasé genial. Eso sí, fue un día raro, raro, raro. Primero en casa con Salinas jugando ¡un dominó! Ya ves, como los abuelos, y encima como no sé jugar, pues perdí por más de mil (y un par de cervezas de paso). Pero si ya empezaba rara la tarde en casa, a ritmo de Bunbury y Housemartins en la cadena y un par de botellas de sidra y cerveza (litronas, of course) para acompañar unas patatas fritas encima de la mesa, cuál no sería nuestra sorpresa que después de quedar con Figo y un colega suyo en el Bowie a eso de las 8 o las 9, entramos al cabo de un rato en el Poza 42 para jugar mi primer kinito en un bar después de tropecientosmil años.

    Vale, en mi casa había jugado ocasionalmente, e incluso a principios de 2006 en una fiesta en la feria de Muestras estuvimos jugando en la calle… pero ¡en un bar! Rodeados de toda la chavalería, con el bullicio de los cubiletes golpeando inmisericordes las mesas rayadas de tanto y tanto maltrato recibido, el sonido de los dados cayendo (vale, se nos caían a nosotros, pero claro, intentar hacer malabarismos como si no hubiéramos dejado de jugar fin de semana tras fin de semana los últimos años, como diríar Sabina, ustedes comprenderán que es pedirnos demasiado). Y claro, bebiendo katxis, como si estuviéramos en fiestas. Eso sí, en mi defensa alegaré que estrenaba una sudadera a rayas (recomendación de mi ex-cuñada para triunfar entre las féminas, eso sí, de ambiente Casco Viejo y Antzoki -al que hace igual 4 o 5 años que no entro, y eso que me gustaba) que me hacía muy joven. Y como diría Sabina también, que llevaba tres copas. No, a esas horas copas todavía no.

    Luego de otro par de bares por Pozas nos dirigimos al mítico Azzurro , donde ya parece que nos saludan con normalidad después del dantesco y lamentable espectaculo de hace un par de meses (fue el maldito Cariñena que se apoderó de mí), donde sí que cayeron un par de copas. Y luego dentro de Galerías Urkijo (¿es imposible escapar de ahí? ¡Dios, que alguien con buen corazón me lleve a otra zona!) cayeron la Bounty, el Senador, igual el Chicago, y ya de vuelta a la calle hacia el Bluesville.

    Al cabo de un rato pasamos al Flash (creo que se llama así, hay que bajar unas escaleras) y aquí me permito una puntualización. ¿Por qué en estos bares de música insoportable de vez en cuando se ponen rockeros y ponen al insoportable del novio de Peggy Sue (el del Canto del Loco) y a Fito y vuelven a la pocilga habitual? Algo más de variedad se agradecería, la verdad. Menos mal que este fin de semana por lo menos han empezado a poner “don´t feel like dancing” de los/as Scissor Sisters, que al menos es divertida y da para hacer un poco el gamba (¿¿más??)

    Total, que salimos del Flash ese (lo reconozco, lo estaban cerrando) y me topo de frente con una chavala con algo más que un aire a Keira Knightley, y no me acuerdo como, pero al cabo de un minuto estaba hablando en ¿¿italiano?? con ella. Confesando que casi todo lo qué se de italiano lo aprendí en unas vacaciones por Italia (era obvio) viendo en la tele “Una mamma per amica”, o lo que es lo mismo, las chicas Gillmore. Hace siglos que no veo las chicas Gillmore, eran divertidas, aunque me gustaba más “dos metros bajo tierra”, que daban después (sigo con la intención de conseguirla y hacerme una marathon de una semana para las seis temporadas; bueno, que sean dos semanas). Estaba acompañada, así que no se hagan ilusiones de una noche de pasión, porque va a ser que no, pero como ya había perdido de vista a todo el mundo, me fui con el grupito a buscar algo más abierto.

    Y la verdad, a ciertas horas es un horror buscar algo abierto por Bilbao. ¿Por qué se llama el Azkena el Azkena? Hijos de puta todos, cerrando también. Y encima para llegar hasta allí hay que andar, y hacía frío. Y yo solo llevaba mi sudadera a rayas de estreno, que eso sí, me hacía muy joven y atractivo. Total, que a seguir andando y pasando frío, y encima se pone a llover, y por la zona de Mazarredo también cierran bares (y de esos si que no tengo ni idea de los nombres). ¡Pero si acabé bajando hasta el Pas-Pas!; el reino del chandalismo, el lugar donde ver encender las luces puede acarrear pérdidas de conocimiento (por el susto de lo que tienes al lado) o de orina (por las risas, si vas bien acompañado)

    En fin, que tras una larga caminata porque pasé de coger el metro a ver si así iba soltando lastre y la resaca del domingo era menor, llegué por fin a mi casa a eso de las 7, o las 8, no me acuerdo. Lo que si me acuerdo es que me comí toda la empanada de carne que tenía para comer el domingo, aparte de un sandwich, no sea que me quedara con hambre. Así que amanecí al día siguiente (de hecho el mismo día) y no tenía nada para comer, y por no ponerme a cocinar ni ir a casa de mis padres en mi lamentable estado de resaca, me comí otro sandwich y un helado y hasta la merienda cena, que ya sí fue de nivel.

    Así que recapitulando:

    - partida de dominó en casa
    - kinito en un bar
    - gente rara que mejor ni mencionar
    - italiano para principiantes
    - PasPas (lo reconozco, no hay excusas)

    Sábado bizarro.

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