fin de semana en Villarcayo
Recién aterrizamos del vuelo comercial 343 de Air Punto destino Bilbao y origen Villarcayo. Con un jet lag espantoso, no sé si son los patxaranes de ayer tarde o las cervezas de última hora. Porque de todo hubo en la viña del señor. Retruécanos importunados. Así son las cosas.
En fin, que el viernes subimos a Villarcayo, aunque para mi sigue siendo bajar porque yo lo miro en el mapa y no por alturas ni cosas raras. Con mi hermana la de Londres y mi prima la de los Cuets. Un viernes de descanso en familia no viene mal, así que pronto estaba en cama cogiendo fuerzas para el día siguiente. Y casi 11 horas de sueño, que antes no era raro en mi los fines de semana pero que hacía tiempo no lo disfrutaba. En una cama en la que se salían los pies, pero bueno, más o menos descansé bien. Y después de desayunar en la calle, treinta y un años después, me duché por primera vez en el piso de arriba (bueno, y última vez, porque soy más alto que el techo).
El sábado era el día de la reunión familiar de los amigos de mis padres en casa de los Peña. Todo un aconticimiento lúdico-musical que consiste en comer abundante, beber más abundante, y siempre amenizados por música en directo, normalmente del músico oficial de la casa. Pero todos los años hay invitaciones para cambiar de estilos y para dar descanso al músico oficial de la quinta, y por eso se permite la presencia de la juventud. Así que después de comer en casa, me presenté a reunirme con mi hermano Santi y con Damián, el virtuoso de Salamanca. Cuando llegué ya estaban dando buena cuenta de la cerveza, y no tardé en unirme. Aunque cuando sacaron el patxarán casero el cambio de rumbo se tornó imposible de evitar. Como diría Salinas, donde esté un patxarán casero pierdo la cabeza. Que igual no lo ha dicho nunca, pero firmaría la frase.
Hablando de frase, el cabrón del Salinas acompañado de su cuñado el gallego fumaporros me llamaron según llegaba, y habían sido los cabrones que me llamaron a la una y media el viernes, despertándome. Tras colgarles y poner el teléfono en silencio los cabrones insistieron otras cuatro veces, sólo para ponerme la música de los bares…. Menos mal que no cogí, porque me presento en Galicia en un santiamén. Me contó el gallego que Salinas se trae el cuaderno de frases ya completo, que miedo me da. Y llega el martes para apuntarse a la “visita cultural” a la Aste Nagusi de Donosti, que vale, no tiene nada que ver con la de aquí, pero siempre tiene su encanto.
Llegó Cuets pasadas las siete, con ganas de tocar y cantar. Previamente Santi, Damián y yo habíamos estado ensayando algo dentro de la casa (la fiesta oficial es en los jardines), y habíamos pre-seleccionado media docena de temas. Pero claro, Cuets llega con su guión preestablecido de lo que se va a tocar, y a ver quién le dice nada. Así que cuando por fin nos dejaron arrancamos con Like a rolling Stone, Princesa, Wish you were here, Maggie despierta y alguna otra. Descansamos un rato, y como nadie se animaba, volvimos a la carga. Cambié instrumento con Damián para hacer una impresionante versión de “Me estás atrapando otra vez” que sonó genial, tocamos varias más y acabamos con el momento más esperado de la noche, una recreación del clásico entre los clásicos de los Telegrama Sam, el hit tantas veces canturreado en las duchas por niños y mayores, el cúlmen de la simpleza y canciones de tres acordes, el hazmerreir que me hace llorar, ni más ni menos que “Si tu vendrías”. Que yo creo que sonó bastante bien, aunque quizá la alargamos en exceso. Y claro, igual desde fuera fue insoportable, pero Señoras, Señores, plena juventud, ¡qué bien me lo pasé! Como echaba de menos lo de tocar con gente! Lo que confirma que hay que juntarse con Albil y Santi para por lo menos en casa tocar un poquito y ver si se puede aspirar a algo más.
Como poner música a las poesías ridículas, que es algo que de noche y fuera del Goyo hice a medias con Damián, y por lo visto tampoco quedaba tan mal. Porque después de despedirnos de la multitud y de dejarles bebiendo más y más copas (es impresionante como beben los adultos, que pedos se cogen, y toda la credibilidad que pierden cuando lo hacen; la pena es no haber descubierto ésto con 17 años; además, yo quiero llegar a los 60 años así, y pasármelo igual de bien que ellos) nos retiramos a cambiarnos de ropa para ir a cenar con los colegas a La Rubia. Por 35-40€ (sobró para la primera copa) cenamos a gusto, con tinto por si íbamos escasos de alcohol (bueno, claro, sólo Damián, Santi y yo llevábamos toda la tarde bebiendo). Tres o cuatro bares, alargando la noche hasta eso de las 5, con vuelta andando a casa y sobrando la última hora, para coger la cama con ganas y hasta pasadas las doce. Desayuno en la calle, despedida de Irene, a la que Santi llevaba al aeropuerto de Vitoria, comida y siesta de dos horas. Un poco de tv, un poco de lectura y luego vuelta a casa cargado con todos los altavoces y trastos de Santi, o mejor dicho, prestados a Santi.
Recuerdos de los robaperas
Escrito el August 12th, 2007 dentro de Vaya Semanita!.
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Commentarios
Pingback from ¡Vaya Semanita! » planes semanales
Fecha: 8 August 2008, 1:50 pm
[…] Pero el plato fuerte es el sábado, a pesar de que en principio tampoco me apetezca demasiado. Empiezan fiestas en Villarcayo, y coincide con la tradicional jornada gastronómica-alcohólica-lúdico-musical de casa de los Peña. La ausencia de Anaia podía ser la excusa para perdérmela, pero Morales insiste en ir a tocar, y lo único que podía salvarme era que no estuviera Damián. Pero está. Así que allí estaremos, para improvisar el mismo repertorio que el año pasado, clásicos de ayer y hoy. Aunque esta vez igual metemos algo más animado al final, estamos en negociaciones y hasta mañana no sabremos nada definitivo. A ver si les convezco para tocar “Te quiero igual” de Calamaro. […]





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