el abuelo Antonio
No somos nadie. El domingo pasado se nos fue el entrañable abuelo Antonio. Quieras que no son hechos como éste los que te hacen pensar y reflexionar un poco sobre tu vida. Sobre las personas queridas que has perdido, sobre cómo pasa el tiempo. Y aunque es ley de vida y he tenido el privilegio de conocer a un bisabuelo y a mis cuatro abuelos/as más un tío abuelo asimilado a abuelo sin más, el hecho es que ya no me queda ninguno. Y aunque es ley de vida, es un cambio triste. Palabra.
Mi abuelo era de derechas de toda la vida, y orgulloso de serlo (¡como Dios manda!), aunque admitía que nosotros pensáramos lo que quisiéramos (seguro que en su fuero interno nos ponía a parir). Pedía perdón por todo; era más una muletilla que un sentimiento, pero tenía su gracia. Llevaba años escuchando la 2, que es como él llamaba a la Cope. Se tumbaba a eso de las 10 en la cama con el ABC (en los últimos años con La Razón) y se ponía a escuchar la Linterna, desde los tiempos de Luis Herrero. Y en el fondo hacía bien, porque como todo el mundo sabe y el se encargaba en promulgar a los cuatro vientos, es la única que dice la verdad.
Se veía todos los telediarios para llevarse disgustos de continuo e insultar a los políticos (predilección por nacionalistas, IU y PSOE en este orden). De hecho se compró una tele antes de que hubiera emisiones de televisión en San Sebastián, aprovechando un viaje que había hecho a Bélgica. Porque viajó mucho, casi siempre pagado por los americanos (un ente abstracto). Y pudo viajar más, pero se quedó sin ir a EEUU por enfermedad de la mujer. Eso sí, siempre acompañado de ingenieros jefe, que para él era lo mínimo que se podía ser en esta vida, al menos para ser su amigo. Y a poder ser, el número uno, porque sólo ingeniero jefe le debía saber a poco.
Viajó mucho, si. Y tenía sus anécdotas de los viajes, contadas una y otra vez. Mi tío Txubi las sacaba para joder en las comidas familiares, y como a él se le iba un poco la olla (en los dos últimos años bastante más) entraba al trapo. Jamás podré olvidar su excursión al Museo Británico o la vez que se dejó la cámara de fotos en el Vaticano, o incluso la vez que piropearon a una señora en París que resultó ser la mujer de uno de los que estaban. No porque sean anécdotas divertidas, sino porque las he escuchado más de cien veces. Y siempre con cariño, eso sí. Aunque para no olvidar, la fotografía del barco Juan Sebastián Elcano que le habían regalado hacía 50 años y que le había robado una asistenta que tenía en casa. Una foto que iba a ser para mi primo Nico. Le intentábamos hacer entrar en razón, que para qué leches quería una señora una foto de un barco….. pero él seguía en sus trece. Hasta que casi 10 años después apareció la foto, y se la quedó.
Mi abuelo, que era el que más mandaba en la provincia. Que estuvo trabajando después de jubilado por petición expresa del Gobierno Vasco, que luego le quería mandar a Londres a una embajada…. Hechos nunca probados, pero que siempre quedarán en nuestra memoria colectiva y que seguiremos recordando cada vez que nos juntemos (porque los Herrero somos bastante faltones también, sobre todo los adjuntos). Que prefería comer comida insípida de bote en casa a ir a la calle, porque se había cnasado de comer fuera en sus tiempos de mozo. Y que prefería el bar Isabel para comer que cualquier otro, porque era el más cercano a su casa. Aunque a 100 metros tenía un par de bares de pintxos espectaculares
Me acuerdo cuando conocí con Salinas, hará unos quince años, a la Señora a la que acompañaba en sus últimos años, el primer año que fui al Festival de Cine, pero ésto antes de que empezara a acompañarla (anda que no hemos tenido cachondeo con la Señora a la que acompaña… Y eso que hasta hace una semana no hemos descubierto que realmente la señora -encantadora, eso sí- no era la número uno de Gipuzkoa en inglés, y en vasco y en francés y alemán). Y cuando otro año, que coincidió con fiestas de Amara, al volver a casa nos esperaba con una hoja llena de improperios que habían soltado en el concierto que había debajo de su casa; “ruido infernal” se me quedó grabada, lo otro eran improperios varios que le iba a llevar al alcalde porque no había derecho. Palabra que han dicho eso…..
Y la vida sigue, pero es un poco más triste. Porque una parte de mi vida, de mi familia de Donosti, se ha ido con él. No sé si seguirán habiendo Navidades en Donosti, si cada vez nos veremos menos…. Y lo que es peor, he dejado de ser el economista.
PD. Aunque fumaba como un carretero, no tragaba el humo. Y la anécdota de cuando siendo niño vino a casa de un primo en Barakaldo y se le cayó el reloj en el retrete también me la sabía de memoria, aunque no fuera tan vox-populi como aquella del Museo Británico…
Escrito el February 1st, 2008 dentro de Vaya Semanita!.
Escribir/ver comentarios (3)
Commentarios
Comment from Cueterlin
Fecha: 23 February 2008, 3:33 am
EL post sobre el abuelo Antonio me ha encantado Javi. Es cojonudo.
Comment from anaia ron
Fecha: 12 March 2008, 11:34 pm
eres bueno, me ha chivado dami que había leído este texto… y sí que es bueno, a él también le ha encantado, y sí, demuestra una sensibilidad especial….
Comment from admin
Fecha: 13 March 2008, 12:27 am
se agradece a ambos




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