Herrero´s Terrace Party
Cambio de aires para dar inicio a un mes y medio viajero. Aprovechando un vuelo tirado de Clickair, mi hermano Santi y yo nos fuimos a Barcelona a hacer la 1ª Terraza Party de los Herrero; junto a las DJs residentes Sara y Aída, Maya desde Madrid y los adjuntos Jordi y Roberto.
Llegamos con un ligero retraso por el avión, y otro extra por Renfe; sufrimos el mal estado del servicio ferroviario de Barcelona para ir desde el aeropuerto al centro. Allí nos esperaban Maya y Roberto, que se suponía que llegaban más tarde que nosotros. Pero esta vez, el AVE no falló y fueron ellos los que esperaron. Entre el cansancio del día, la hora y demás, llegamos a casa de Aída para cenar, charlar un rato, ver algunas fotos y dormir.
El sábado, eso sí, el primer compromiso. Desayuno y relax en la super terraza de casa. Con un día espectacular acompañando, se curraron un desayuno que ni en los mejores hoteles. Bizcocho casero, pan tumaca, fiambre, queso, café, cola cao, fruta fresca…. Faltaron unos huevos revueltos y el bacon, pero tampoco es cuestión de abusar de una embarazada. Y después, mientras íbamos en procesión hacia la ducha, el resto se quedaba tomando el sol en las tumbonas, y el más afortunado en la hamaca. Tardamos casi dos horas en salir, quizá sin el casi, tiempo en el que apareció Sara para unirse. Para ir directos hacia la Barceloneta, donde tras un aperitivo con noticia de nuevos embarazos -ajenos a la familia, eso sí- en una terraza delante de la playa, nos dirigimos en búsqueda de un sitio donde comer. Muchas propuestas, mucha crisis, pero todo ocupado. Así que acabamos en el sitio inicialmente planeado, el Can Costa, donde tomamos tres tipos de arroces y una fideuá. Todo para compartir.
Fuimos luego, sin café ni similar, al Museo Marítimo, donde estaba la exposición de Bodies (pelín desagradable, quizás?) y la del viaje de Shackleton por el Antártico, que quería ver Roberto. Maya, medio obligada, entró a verla, y los demás esperamos en la cafetería creyendo que cerraban en media hora. Al final nos hubiera dado tiempo a entrar después del café, pero perdimos la oportunidad. Eso sí, me queda en pendiente ver el documental de National Geographic sobre la expedición. Por cierto, mucho criticar a Cañete, pero más razón que un santo. Que servicio, oiga!.
En fin, de vuelta en casa hubo un apalanque generalizado, sin cena porque de comer acabamos tardísimo (nos quedamos con ganas de paqui), al final nos animamos a salir a dar una vuelta. Empezamos por el Raval, en una especie de cafetería librería con muy buena pinta, y según Sara de ambiente catalán (nos explicó su teoría más avanzada la noche). Gente sentada en torno a mesas, todo muy tranqui, combinados para beber (daikiris de fresa, un par de gin tonics, VollDamm para Santi, uno sin alcohol para la embarazada… y un ruso blanco para mí. Tenía ganas ya de probarlos en homenaje a lebowsky; en breve, hacemos sesión Cohen en casa). Entre lo que tardaron en atender, servir y luego cobrar pasamos bastante tiempo allí, el suficiente para que Jordi terminara de apalancarse (costó sacarle de casa), y aprovechando el cansancio lógico de Aída se fueran para casa. Claro, los dos tumbados en un super sofá tanto tiempo… ambiente catalán.
Los demás nos fuimos hacia sitios de más movimiento, menos catalanes según Sara. Tengo que preguntar a mi hermano los nombres, pero estaban bien. El primero era un bareto en el que las copas las ponen como aquí, en vaso ancho. Lo llevaban unos argentinos, que no sabían poner copas. Pero por lo menos las ponían en vaso ancho, que fue el motivo que nos llevó allí. Total, para beber VollDamm (que vicio que en todos los lados tengan VollDamm, en botella grande y bien fría. Y es que a falta de Estrellas, buenas son Volldamms). Sonaba música estilo rock de los 50 y un poco de acid jazz, bastante original y bueno.
Pero para original la siguiente propuesta de la nocturna Sara. Un antro gay-marroquí, decorado entero con fotos de Sara Montiel y con música tecno-bereber sonando sin parar. Y gente que se sabía alguna, que era lo mejor. Muy divertido y original, aunque al final acabaron con las típicas pachangeras españolas tipo Alaska. Pero estuvo gracioso. De ahí fuimos más hacia las Ramblas, para intentar entrar en otro pub medio discoteca con música rock, viendo que había colas enormes por todos lados. Donde fuimos también, pero Sara decidió que nos podíamos colar, y nos obligó a hablar en euskera para disimular (otros practiban otros idiomas a esas horas). Que yo malamente, pero mi prima Maya que se fue de Donosti con seis o siete años…. Pues ahí estábamos todos defendiéndonos, haciéndonos pasar por amigos de unos irlandeses que estaban delante pero con los que no hablábamos…. Demasiado jetas para el gusto de Roberto y mío propio, pero a ver quién le sacaba de ahí a Sara. Pues fue la de atrás, que se chivó al de la puerta cuando llegamos (bien hecho, por otra parte), causando que nos mandaran al final otra vez o que no entrábamos. Por supuesto nos fuimos, con Sara muy ofendida y nosotros descojonándonos.
Pero Sara no decaía, y todavía buscamos más. Primero, una lonja pirata que llevaban otros marroquís, con música reagge y buen ambiente. Lo encontramos, sí, pero al llamar a la lonja nos salió uno en batín diciendo que ya habían cerrado hacía un mes, que dejáramos dormir. Descojonados fuimos al siguiente, pero tampoco hubo suerte. Así que al final acabamos cogiendo unas latas de cervezas rumbo a casa de Sara para tocar la guitarra y cantar, aprovechando que sus vecinos estaban sordos.
Y sordo debería haber estado el taxista, para no aguantar lo que aguantó. Maya a grito pelado cantando Fito, Sara criticando, conversaciones de borrachos…. Y encima, para que al día siguiente ninguna de las dos se acordara del viaje y del taxi. Nada más llegar Sara nos tocó “With or without you” y comprendimos que todos sus traumas y frustaciones musicales…. están justificados. Roberto atacó los sandwiches duros con rebanadas de pan tostado, Maya ayudó, y yo seguía a la guitarra, cuando Sara desapareció sin previo aviso. Aguantamos un poquito más, pero casi aprovechamos para dormir; me tocó el sofá, bastante cómodo.
Los vecinos, que sordos eran pero menudo ruido metían por la mañana, me despertaron antes que al resto (yo no tenía puerta en el salón). Hice un poco de tiempo en estado de duermevela, pero no tardaron en llamar al timbre Aída y Jordi con el trasvase del desayuno. Entre eso y unas compras de última hora (la de sitios que hay abiertos a cualquier hora en Barcelona) pudimos desayunar hasta hartarnos (algunos sólo un par de trozos de pan, pero siempre hay clases). Luego charleta, comentarios sobre las revistas con detalladas fotos de operaciones bucodentales que había en casa, más guitarras y fotos disfrazados de payasos. Y a pasear, por Montjuic. Donde nos cruzamos con tres bodas de chinos, con todo el mundo vestidos de tiendas de ropa de chinos, con unos zapatos impresionantes de uno de los novios, todo el mundo con flores en el ojal…
De ahí al Caixa Forum, donde vimos un par de exposiciones; una de Chaplin y otra de príncipes etruscos. Antes Santi nos había mostrado el edificio del pabellón que Mies Van der Rohe construyó para la Expo de Barcelona allá por 1929, que fue el inicio del minimalismo en arquitectura (según él, no sea que vaya a meter la pata yo aquí y quedar mal; sólo cito). Y ya desde allí a casa a comer. Luego un poco de sobremesa, siestas, partidas de coches a la play, y vuelta al avión.
En resumen, un fin de semana intenso; más familiar que de turismo, aunque se nota el cambio de aires que es lo que importa. Y este sábado (mañana ya) visita a Madrid para la 1ª Euskal-festa organizada por Ortega. Carrera de karts después de comer, partido de basket, y por la noche la fiesta en su casa, con sidra y patxarán a espuertas. Luego salir por Madrid. Y el domingo vuelta a casa. Así no hay quien descanse. En fin, mañana más tranqui, al cine con Salinas para ver “No es país para viejunos”. Que buenos son los Cohen, y qué bien que la den aquí en Deusto en los Renoir. Falla que no la den en versión original.
Escrito el February 29th, 2008 dentro de Vaya Semanita!, de viaje.
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