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    courses: Master Finanza

    de viaje por Kenia: lago Nakuru, Masai-Mara, Nairobi, Mombasa.

    Esto…. muchos sitios para una semana, ¿no? Puede ser, para que negarlo. 10 viajes en avión, algunos desde “aeropuertos” espectaculares, carreteras imposibles con tráfico “complicado” (por no decir que no existen distancias de seguridad, líneas separando carriles, carriles, aceras ni carreteras, básicamente sólo baches). Todo para un viaje estupendo, acompañado de mi hermano Santi. Y cuyas fotos pueden verse aquí

    En las 20 horas que pasaron desde que salimos de Bilbao rumbo Madrid - Amsterdam - Nairobi me dio tiempo a leer el libro que me regaló mi madre en navidad, “el extraño incidente del perro a medianoche”, a dormir lo suficiente y a dejarme el libro olvidado al bajar del avión. Menos mal que no dejé un último capítulo para la vuelta! Según llegamos a eso de las 5,30 de la mañana o similar, furgoneta para el lago Nakuru, primera parada. Serían unas 2 horas de viaje, más de la mitad dormidos a pesar de los baches y los peligros a los que nos enfrentábamos. Y según llegamos al parque, ni pasar por la casilla de salida, ni ir a desayunar, ni a ducharse, ni a un amaiketako. A ver bichos. Empezaron las zebras y los impalas, en un día poco productivo en lo de ver animales, ya que el sitio este destaca sobre todo por los flamingos. Yo era muy de la discoteca-pub Flamingo en Villarcayo y del disco Flamingo de Bunbury, pero lo de los pájaros, pues vale, está bien. Hay una barbaridad de ellos, que impresionan cuando les van a asustar y salen a miles volando. Pero después de meter algo en el estómago y ducharse hubiera estado mejor. Después de la primera excursión ya nos dejaron ir al hotel, descansar un rato, darnos un baño en la piscina y comer. Con el tiempo justo para adentrarnos en la segunda visita al parque, en la que vimos algo más, pero mucho menos de lo que posteriormente veríamos en Masai Mara. Alguna jirafa, búfalos, rinocerontes negros y blancos, gacelas, lesser kudu (que no me acuerdo qué animal es, pero lo vi), baduinos (monos, para entendernos). Pronto estábamos de vuelta para tomar nuestras primeras cervezas Tusker, la marca keniana por excelencia. Y que viene en botella de medio litro, no se andan con chiquitas por esos lares. Luego cena, y a eso de las 21,30 ya estábamos durmiendo.

    El 2º día tocaba el viaje hasta la Reserva Nacional de Masai Mara. Salimos con bastante retraso debido a un poco de descontrol con el transporte (¡esto es Africa, man!) Pero lo bueno es que íbamos a un aeropuerto privado, y los aviones nos estaban esperando. Ni check in, ni controles de seguridad ni nada por el estilo, que eso lo tuvimos que sufrir luego para ir desde Nairobi hasta Mombasa. Así que ahí estábamos nosotros, en un aeropuerto muy particular rodeados de niños a los que unos policías tenían controlados, como si fuéramos estrellas de rock o viniéramos de ganar una liga. Ahí si que vimos muchos más animales, incluyendo elefantes, leones, leopardos, ñus, cocodrilos, hipopótamos, avestruces,… Hasta una hiena vimos,… y alguna más oimos en la cena de despedida que hicimos al día siguiente en medio de la sabana, protegidos por un par de rangers con metralletas (y un catalán vigilando con la linterna porque no se fiaba demasiado). También visitamos un poblado masai, que venden tradición a cambio de dinero, pero que en definitiva viven aún a su modo, aprovechándose también de ciertas ventajas de la vida moderna. Lo que no me parece mal.

    Para descansar de las palizas del safari marchamos a Mombasa para tres días, pasando antes por un bus turístico por la capital, Nairobi, que incluía una comida en el famoso restaurante Carnivore, donde debimos ir un día normalito con poca variedad de carnes. Probé el cocodrilo, una mezca de pollo y pescado que se deja comer pero que tampoco está para tirar cohetes. La estancia en Mombasa fue de tranquilidad absoluta, todo el día en la piscina del hotel, salvo por un baño en la playa de al lado, donde no cubría por encima de la cintura y que estaba llena de algas. Un día teníamos excursión a la ciudad, pero en lugar de eso me fui a bucear. Ya lo sé, turista cutre, pero coincidían el único día que podíamos bucear con la visita a la ciudad. Encima para marearme y vomitar por la borda ni recuerdo cuántas veces. Eso si, vi una tortuga que me hizo bastante ilusión, en la segunda inmersión, que fue bastante mejor que la primera. Pero peor que simplemente hacer snorkel en Sharm el Sheik o bucear en Mexico, que habían sido las experiencias previas; eso sí, mejor que en Túnez.

    Hicimos un grupito majo de jóvenes, echamos risas, bebimos gin-tonics sin hielo para prevenir la malaria, nos pusimos morenos y pelamos la espalda, descansamos, desconectamos, comimos como cerdos comidas occidentales y propias del país (un poco estilo indio), incluyendo la famosa perca del Nilo, que está buena, sacamos muchas fotos y vídeos y en líneas generales ha sido un viaje genial. Las fotos merecen la pena por si todavía no os habéis animado a verlas.

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