Crónica de un fin de semana irrepetible (2)
Si ya daba pereza escribir sobre el fin de semana pasado a los tres días, imaginad diez días después; pero en fin, lo prometido es deuda, y aunque sea brevemente, haré un repaso de los hechos acaecidos la tarde noche del sábado 16 de septiembre, entre la 1 de la tarde y las 6 de la mañana (aprox.). Así fueron las cosas, y así se las contaremos.
Amanecimos a eso de la una, en un albergue de mala muerte (bueno, no estaba tan mal, era por darle dramatismo al asunto), con un deje de resaca y mal cuerpo que se iría quitando a velocidades de vértigo, con la ayuda de algun remedio de farmacia legal que compramos allí al lado de donde desayunamos; o más bien intentamos desayunar, porque pese a anunciar desayunos de zumo natural, tostada y café a 3€, cuando los pedimos dijeron que a esas horas ya no había tostadas. Y tras conformarnos con el café y el zumo natural, nos vienen a los 5 minutos para decir que el zumo no es natural a esas horas; será que en Salamanca el sindicato de exprimidoras de zumo han sacado mejores condiciones que las de Bilbao. Total, que al final pagamos 3,40 por un zumo de bote y un café malo con avaricia, como todos los que tomamos en Salamanca. Pero las risas con el “chicos, el zumo es de bote” no nos las quita nadie.
Con algo menos de resaca gracias al Espidifren o lo que fuera que nos dieron en la farmacia, paramos en la primera caseta de feria a tomar unas coca colas y pincho, que fueron pimientos verdes y queso o similar, no estaba malo. Un mero trámite para pasar a la siguiente, y de ahí a la siguiente, que ya fue un bar con las peores croquetas jamás cocinadas en las últimas décadas.
Pero he ahí que llegamos a una plaza al solecico, con varias casetas, y empezamos, ya con mejor cuerpo, a pedir la primera botella de sidra con sus tres tapitas. A la séptima botella de sidra dejamos las tapas, y depués de juntarnos con una pareja de Donosti pero residentes en Madrid para fumar un par de porritos, llegamos hasta la botella 13; bueno, en eso de la undécima llegó Damián, al que habíamos dado largas por culpa de los dos elementos que me acompañaban y que se negaban a dejar de beber sidra; menos mal que cerraron las casetas hasta la noche, porque si no me veía allí hasta el domingo.
Una vez acabadas las 13 botellas pasamos a la partida de mus, para lo que Damián nos llevó a un bar de la zona universitaria, o de la plaza, yo que sé, si ya íbamos servidos. Allí durante la partida cayeron 6 o 7 patxaranes por barba, salvo Damián que iba a algo más sano, no recuerdo qué (pero también era alcohol). Tras una cómoda victoria mía con Salinas, ya medio tambaleándonos, salimos para la fiesta. Y a partir de ahí, solo recuerdos vagos
Salvo el momento glorioso de la noche. Tras algún comentario / grito en algún bar, no sé si el canto de “Vivo con mi madre” o momento chanante similar, conocimos a un tipo de lo más peculiar, al que cuando volvimos a ver más adelante en la noche, no se le ocurrió mejor idea que ponerse a imitar a Gollum, el del Señor de los Anillos, en todo su explendor: voz, frases, forma de andar, de tirarse por el suelo…. y cantos de Calamaro, comentarios de películas de los Monty Python, de la hora chanante…. en fin, tirados por los suelos de risa. Y de ahí ya si que nos retiramos a dormir, hasta que a eso de las 12,30 abro los ojos para ver que estábamos solos en el albergue y nos decían que nos teníamos que ir.
Pasamos de repetir el desayuno del sábado, y nos fuimos directamente a desayunar a un par de casetas las tapas más coca colas y agua. Y a mediodía, a Bilbao de vuelta, con una resaca descomunal y un malestar que duró dos días. Pero mereció la pena
Escrito el September 25th, 2006 dentro de Vaya Semanita!.
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