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    Crónica de un fin de semana irrepetible (1)

    Que pereza tener que escribir de este fin de semana. Y no lo digo porque haya sido un coñazo y me aburra recordarlo, es que ¡no me acuerdo de nada! Bueno, no exageremos. Vale que tenga lagunas causadas por los excesos (menos mal que no somos de drogas, jose, que si no ya sería la ostia), pero es que ha sido un fin de semana brutal. Dos pedazo de conciertos, risas a saco gracias al Sr. Payaso y los demás chanantes, fiestas interminables, ambiente distinto y buena compañía.

    Después de unas retenciones de más de una hora en Valladolid, hubo suerte y llegamos a tiempo de aparcar al lado del recinto donde se celebraba el concierto: el multiusos Garbajosa (es más fácil de acordarse así que del nombre real). Hubo suerte, y por cortesía del manager de Ariel, entramos de gorra al concierto. Que es lo de menos, porque hubiéramos pagado lo que hiciera falta. Pero ya era una buena señal. Y nada más entrar, empiezan los primeros acordes de “Suave es la noche”; buena señal, temas distintos a los de Bilbao. Tercera buena señal; según llegamos a la pista, descubrimos que la cerveza que nos van a dar toda la noche es Estrella de Galicia, nuestra favorita entre las cañas. Así que nos aprovisionamos de un par de katxis para empezar, y nos centramos en el concierto (bueno, de hecho fue Albil a pedir; Salinas y yo ya estábamos vibrando).

    Con una banda más rockera que en Bilbao (aunque yo personalmente eché en falta el piano), desgranó temazos como Kamikazes, Salitre, Caminando en círculos, mi tono de móvil (vidas cruzadas), una cañera Hotel los Angeles que sonó impresionante, Te lo dije,… vamos, un señor concierto. Lástima de Pequeño Rock n´roll (por cierto, hoy salía a la venta el disco de Bunbury y Vegas, “el tiempo de las cerezas”; lo comentaré cuando lo escuche, pero los dos temas que he oído en la radio suenan más a Vegas que a Bunbury). La única pega del concierto: fue muy, muy corto, y ni siquiera hubo bises. Pero lo bueno es que aquí no era como en Bilbao; aquí nos quedamos a la segunda parte del concierto más que a gusto, y no esperando a ver si volvía a salir después del plasta de Goñi.

    Así que un poquito de descanso para el desmontaje y montaje del escenario, otros katxis de cerveza, y ahí que salen Ariel y Andrés. Con bandera homenaje al recientemente fallecido Guillermo Martín (también Quique le recordó), a los pocos segundos ya estábamos brincando con el Canal 69, que por lo visto se mueve y se mueve. Y luego empiezan el tiki-taka de hits en un repertorio de aproximadamente dos horas, en las que nos sorprende Elvis está vivo que Calamaro ni siquiera tocó en Donosti en noviembre el solito. No voy a hacer memoria de temas, porque entre brincos, otros dos katxis de cerveza y algo de maquinaria, tampoco los recuerdo todos. Pero sonó impresionante, pese a faltar (yo los eché de menos) Lo Siento Frank y El Cantante (tocaron Estadio Azteca, pero creo que no El Cantante; cada vez me gusta más ese disco, que por cierto salió a la venta estando yo de vacaciones en Buenos Aires, pero allí llegó con retraso y no lo pude encontrar. Eso sí, me traje unas partituras de tango sólo por tener Naranjo en flor, que a día de hoy todavía la toco de pena)

    Y ya la apoteosis llegó con el cierre de Sin Documentos y los bises, que creo que empezaron con la libertad (era una lenta, de eso estoy seguro), y luego ya el final de Bilbao: Mucho mejo, que grabé en video con mi nueva cámara de fotos que todavía no he aprendido a usar, y Paloma. Paloma es una canción que no se puede grabar, porque hay que centrarse en disfrutarla. Pensé en llamarle a mi primo Nicolás, como hice en Bilbao, para que la gozara, pero dije, que le den. Esta vez es para mí. Y de repente vemos que sale Quique, no me jodas; así que me olvido de mi idea inicial, saco la cámara y el móvil y la disfruto más que nunca pero con las manos ocupadas. En fin señores, señoras, que qué pedazo de conciertos, y yo que los siga disfrutando.

    Todavía no he visto los videos que grabé (la ostia de ellos, por cierto), porque tengo el ordenador hecho un asco –mañana me llega el nuevo que he comprado- pero sí que he visto las fotos del concierto, y que desastre. Todas movidas, desenfocadas, creo que se salvan dos o tres a lo sumo. Así que uno que no se resigna ha tomado la decisión de irse este viernes a Murcia, donde repiten el concierto, para poder sacar unas fotos en condiciones y de paso pasar otras tres horas de muerte. Bueno, y luego aprovecho y me quedo una semana de vacaciones en Cartagena, que tampoco da mi economía para estos lujos de ir en exclusiva a un concierto a 1000 kilómetros de casa.

    Total, que ahí estábamos nosotros, a eso de las 12,30 o 1, con un subidón de la leche y dispuestos a relajarnos tomando otro par de katxis de cerveza, que fueron tres por cortesía del chaval de la barra que se enrolló porque realmente no creía que nos fueran a vender tickets y nos debió ver muy flipaos. Y para darle vidilla, porque los de seguridad ya empezaban a echarnos, homenajeamos a los del campeonato del mundo de “piedra, papel o tijera” y ahí que nos pusimos a improvisar una especie de kinito con este juego tan simple; ¡será por recursos!

    collage salamanca

    Viendo que nos echaban y que los guardas eran más grandes y fuertes que nosotros (coño, que Albil y yo sólo llevamos dos semanas en el gimnasio, dadnos tiempo!) decidimos irnos de fiesta por la ciudad, que se comenta que tiene buen ambiente. Y encima eran fiestas.

    Quedamos con mi amigo Damián, que vive en Salamanca, para que nos hiciera un poco de guía nocturno, pero tenía un ensayo de música medieval el sábado (es un virtuoso de la música el muy cabrón; toca cualquier instrumento que te puedas imaginar, y siempre bien) y se retiró pronto. Y hacer una crónica de lo que pasó de aquí en adelante es totalmente imposible; estuvimos en bares, hablamos con la chavalería, comimos algo, seguro que cantamos a saco –porque Salinas y yo somos muy de cantar, incluso sin estar borrachos, y también por la ligera afonía del día siguiente- hasta que nos llega un mensaje de unas chicas que conocimos en el concierto y que decían amigas de Quique, confirmando que estaban en un bar con Quique. Haciendo parada para tomar otro bocata (realmente estábamos bastante hambrientos y tampoco sabíamos donde quedaba el bar), nos dirigimos al Puerto de Chus, que tal era el nombre del susodicho (bar), y justo que vemos salir a la chica primero, y a Quique después. Pero vaya por dios, que estábamos tan tajados ya a esas horas (5-5,30) que fuimos incapaces de articular palabras. Bueno, algunas articulábamos, probablemente no las entendían –yo es que no soy muy de pronunciar, más bien somos de lengua de trapo en casa-, y tampoco eran demasiado coherentes que digamos. Pero la ilusión que me hizo no me la quita nadie, y la foto que me saqué con él (a Albil se le olvidó el flash y ha salido muy oscura) tampoco. Me quedo con su confesión del momentazo que supuso para él salir a cantar Paloma con Calamaro, que en el fondo el también es fan de otra gente. Y que me pidió que le enviara el vídeo que grabé a su correo (que por cierto se lo voy a mandar cuando acabe estao). Bueno, de hecho se lo mando ahora, porque seguido de esto nos fuimos al albergue a dormir, que ya íbamos suficiente cargados y para seguir haciendo el ridículo habría tiempo el sábado, que contamos luego

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