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    courses: Master Finanza

    desayunando con la Obregón

    El sábado tocaba boda en Madrid. No boda-boda, sino fiesta un par de días después de una boda. Es decir, la parte divertida. Fue semana de ensayos de última hora con Nico y Anaia, ya que había conciertillos en la misma. Primero una parte medio seria organizada por Txubi, y luego la rockera-popera-ochentera de los primos, para la que además fichamos a Morales de frontman. Como la fiesta era la tarde del sábado, aprovechamos el viernes para un último ensayo antes de hacer degustación de gin-tonics en el amarillo, donde Nico triunfó pidiendo el clásico de MG. Y eso si, el sábado tocó madrugar para salir poco después de las 9 rumbo la Moraleja.

    Llegamos a la hora de comer sin incidencias, check-in en el hotel y luego nos juntamos a comer con parte de la familia. Bastante calor en el ambiente, que por suerte fue diluyéndose según pasaba la tarde. Nada más llegar a la casa de la fiesta, problemas de infraestructura. Nos faltaba un teclado, menos mal que pudimos tirar del de Maya sin problemas, aunque para ello hubo que ir a buscarlo a su casa, lo que me quitó la hora prevista para la ducha, vestimenta y planchado de pelo que proponían Lidia e Irene. Pero si hubo tiempo para dejar el sonido montado y pegarnos un baño en la piscina, que a la postre era lo importante.

    Fueron llegando los invitados, la mitad familia y la otra mitad amigos de los novios venidos de medio mundo. Mucho Madoff, algún Cerolo, y buen ambiente. Impresionante el catering y el montaje, con unos pintxos espectaculares (como estaba el bric de langostinos al pesto, jose!) y el vino y la cerveza que no falte. Primer pase musical con la marcha nupcial y un par de estándares de jazz, y a proseguir con la comida. El momento de abrirse la barra para las copas marcó también el inicio del concierto popero, en el que triunfó el medley de la Bamba con Twist & Shout y sobre todo la parte final con el Blues de Aida y Jordi compuesto para la ocasión por Morales en todo un detallazo marca de la casa. Y el Bella Ciao cantado por Anaia a pesar de haber muchos italo-parlantes entre el público.

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    P1080840 by javiron on Zooomr

    Divertida la parte karaoke posterior, en la que Lidia y Maria no se quisieron quedar con el mal cuerpo de no haber cantado Ciega Sordomuda y la hicieron en versión karaoke, momento que la gente se empezó a animar. Nico fue lo bastante cabrón como para hacerme cantar Roxanne, que en el fondo se la debía a la concurrencia, cantada en falsete encima. Luego peleas de micros y ausencia total de vergueza generalizada. La gente empezaba a retirarse, pero como siempre los hermanos resisten al invasor hasta última hora. Y gracias que no me fui con Ibón al centro, que había propuesta. Pero a las seis de la mañana como que tampoco apetecía demasiado.

    El desayuno del domingo tuvo su gracia cuando entró la Obregón en la cafetería en la que estábamos. ¡Dijo un taco! Surrealismo barato antes de volver a casa de los anfitriones donde re-desayunamos y luego comimos y pasamos la tarde hasta la hora de volver a Bilbao. Me faltaron dos horas de sueño, pero por lo demás muy digno. Casi tanto como con mi traje de lino blanco.

    de cómo pasar una semana sin salir de un hotel

    Un poco exagerado, porque salí de fiesta un par de días, y la playa estaba a unos 200 metros. Pero por lo demás, todo el día en el complejo. También porque era Tenerife y no me llamaba demasiado, en la excursión al Teide no dejaban subir hasta arriba y porque un día que íbamos a alquilar unas motos algunos se levantaron con resaca y/o cansados y/o descompuestos. ¡A mi con grasa, a mi con grasa!. Ay incoscientes, por muy de pueblo aragonés que seas a ciertas horas y después de patxaran con naranja no se pueden comer ciertas cosas.

    En mi defensa, era viaje by the face. Y me apetecía descansar. Aunque al final uno se junta con gente interesante en lugar de quedarse a sus cosas, duerme más de lo habitual, y en lugar de leerte media docena de libros te lees un par de ellos y gracias. Y el resto del tiempo a practicar el tumbing, el todo incluido (con mucho cuidado, eso si, y sin probar apenas el alcohol hasta la noche), los circuitos diarios de spa y las rondas de copas después de cenar, a veces con espectáculos en el propio hotel, otras con visitas a karaokes ingleses (un día cayó Sweet Child, otro Simpathy for the devil, y el tercero que nos esperaban para cantar We are the world no llegamos a aparecer) o hasta la A Chamán. Si hasta he jugado a tenis y al padel!

    En cuanto a gente, el abuelo liderando al grupo y acompañado de hija, el clan aragonés-chanante, con un espectacular Quique desplegando todos los bailes habidos y por haber, desde el del hombre orgulloso hasta el del gusano, el imprescindible elemento galego, alumno del abuelo, y en los apoyos el clan madrileño y el alicantino. Más toda una pléyade de secundarios de lujo, algunos respirando demasiado fuerte. Otros más de echar partidos de 90 minutos a dos campos. Una semana divertida, a fin de cuentas. Pero en casa somos más de patear y visitar sitios que de tumbarnos a no hacer nada. Eso sí, que me quiten el moreno forza-envidias.

    y el tío Neil casi hace llorar a Salinas

    Media tarde en el país de los justos, encuentro con Salinas frente a su casa. De repente pasa su hermano. “Vamos a ver a Neil Young a Donosti ahora” dice Salinas. “Ese es del órgano de iglesia, no?” espeta el otro. Ese mismo, si. Aquel señor cuyo Unplugged se encontró una madrugada en la tele Salinas al volver de fiesta y que hizo que al día siguiente se presentara en el antiguo Long Play de Lehendakari Aguirre (en esa época igual todavía Avenida del Ejército) a comprarse media docena de discos suyos. Aquel que quería ver en directo antes de morir (cualquiera de los dos), y por el que a punto habíamos estado de ir a Londres y a Madrid. Así que recogimos a Albil en la salida de Sabino Arana y enfilamos hacia Donosti.

    Llegamos sobre las 19.15, a tiempo para que Nico me diera mis entradas adquiridas a los pobres Roberto y Maya, que no podían venir desde Madrid. Craso error, muchachos. Un poco de infierno para aparcar, pero una vez acabado el partido de la Real encontramos sitio fácil, con tiempo para tomar un bocata y un par de nesteas. Uno de ellos tirado como la cerveza, con espumita y todo. Cuando entramos en el Velódromo estaba terminando ya Rebeca Jiménez, a la que no me hubiera importado ver. Algo se le habrá pegado de su relación con Quique, y el album sin ser estupendo no está mal. Antes nos deleitaron con unas danzas unos cuantos colgados de una secta, las doced tribus. Tengo que subir el vídeo que me pasó Albil. Chanante. Tensa espera hasta que con unos veinte minutos de retraso salió al escenario el gran Neil con su banda. Bastante buena entrada, unos 7000 según he leído, que a Salinas le parece demasiado poco para ver a Neil Young.

    Y se arrancó con Mansion on the Hill, y a la gente ya no le importó la espera. Que más da media hora cuando has esperado treinta años. Siguió Hey hey, my my (into the black) y creo que no pararon de sonar clásicos. Bueno, si, tocó una del Chrome Dreams II (que pena que no fuera Ordinary People, pero habría habido que alargar media hora el concierto) y al final un par del último, aunque para mi Just singing a song es ya otro clásico. Los coros (su mujer y otro chico) de vez en cuando se ponían a tocar, el señor que le arregla las guitarras tuvo su momento de gloria al banjo en Old Man, la banda sonaba genial, los solos de Neil eran pura energía, nada cargantes… Salinas casi se me cae con Mother Earth, ni te cuento como gozamos de Rockin´in a free world, o de Cortez, what a killer, I have to say. Estupenda la parte acústica con The Needle and the damage done, Heart of Gold o la ya mencionada Old man, y un único bis espectacular. Bajan un teclado con forma de angel, que eso sí, apenas se oía y más parecía el horno donde estaban preparando los bocatas para luego, y arranca Like a Hurricane. Mientras la gente pedía bises Albil comentaba que si él fuera Young no saldría. Acabando con rockin´… había sido un concierto redondo, él se iba plenamente contento y no necesitaba más canciones. Creo que nos fuimos más contentos aún después de Like a Hurricane, pero coincido con él. Espectacular concierto. Pura energía de un señor que pasa de los 60, y que de repente se inventó el grunge y a toda una generación, todavía tengo mis dudas si por su música o por su forma de vestir.

    Larga vida al maestro Neil Young. Y que vuelva.

    Y aquí el setlist cortesía de Albil, que fue apuntando en el móvil según salían del horno.

    Mansion on the hill
    Hey hey, my my (into the black)
    Everybody knows this is nowhere
    Pocahontas
    Spirit road
    Cortez the killer (teníamos que haber llevado el cartel que nos firmaron Steepwater Band)
    Cinnamon girl
    Mother earth
    The needle and the damage done
    Goin’ back
    Unknown legend
    Heart of gold
    Old man
    Get back to the country
    Down by the river
    Get behind the wheel
    Just singing a song
    Rockin’ in the free world
    Like a hurricane

    Y eso fue todo, amigos

    sin descanso, sin verguenza, sinverguenzas.

    Que fin de semana, oiga. Sin parar de viernes a domingo, y encima me dio tiempo a limpiar el congelador. Un crack, vamos.

    Me apetecía tomar algo el viernes en plan tranqui, así que aproveché una invitación de Haytowell para ir a su casa a tomar unas copas viendo alguna película o similar. Antes hubo un bocata de calamares con alioli junto a Salinas y Almuzena o Azudena, no recuerdo. Subimos seguido a casa de Haytowell, donde la oferta de patxarán dejó sin validez a los cubatas, al menos en mi caso. En lugar de películas hubo tertulias, y sobre todo un flashback a fotos de quince años atrás, que se dicen rápido. ¡Quinceañosatrás! Anécdotas de antiguas vacaciones, de fines de semanas, de tiempos pasados que no siempre fueron mejores pero que vistos desde el presente sacan sonrisas, por no decir carcajadas. De las pintas ni hablamos.

    Bajamos luego a la calle para seguir la ronda habitual, con música más que decente en el Azurro y visita al Bluesville, que hacía tiempo que no entraba. Y tampoco es que lo hubiera echado de menos, seamos sinceros. Última parada en el Flash hasta convencer a González de que era hora de volverse al barrio.

    Antes de las 11 me despertaron del trabajo, y allí que me fui como un campeón, con una mini resaca culpa del patxarán (y sobre todo de no haber dormido lo suficiente). Toda la mañana pensando en la siesta mientras aprovechaba que había ido hasta allí para adelantar trabajo. Y cuando llego a casa y me estoy preparando la comida, llamada de Salinas. Que de siesta nada, que hacía día Guggenheim. ¿Qué es un día Guggenheim? Let me explain it…. Buen tiempo, solecico sin agobiar, y ganas de Estrella de Galicia en la terraza que está junto al susodicho. Así que fue acabar la comida y salir al Amarillo a por café y patxarán, y desde allí recorrer el trayecto hasta el museo. Una vez allí, una ronda sentados y otra tumbados sobre la hierba mientras escuchábamos canciones de Neil Young. Calentando motores. Lástima del servicio, que deja mucho que desear (por segundo año, habría que despedir al que selecciona el personal).

    A media tarde ya es hora de dirigirse hacia Pozas, con parada técnica en García Rivero. Como el Gaztandegi estaba cerrado, a probar otros de la calle hasta que abrieran. Mala elección la mía del txakoli, o más bien insuficientemente frío y pelín pasado, porque a mi el txakoli me gusta. Una caña luego, y ya por fin la Estrella de rigor en el Gaztandegi con un olor a pintxos de quesos recién sacados que hubieran impedido entrar a más de un amigo. Peor para ellos. En esas llegó González, y ya nos fuimos los tres al Matxitxako. A partir de ahí empezaron a llegar todos, y entre gin tonic y gin tonic me escapé con Haytowell a un chino a buscar alguna tontuna para la noche. El mini-teclado que compramos era lamentable y no nos lo quedamos, pero si nos llevamos una estupenda pandereta, una segunda harmónica y sobre todo un timbre de recepción, un inventazo. Ya lo habíamos visto otro día, pero no pudimos comprarlo porque íbamos a una boda. El sábado era su día.

    Con pandereta y timbre en mano nos volvimos a terminar el gin tonic y pedir otro más, al que siguió alguno más. Para ir a pedir a la barra había que llevar timbre, y eso vale para todos los bares de la noche. En algunos hizo más gracia que en otros, como Sergio que se descojonaba y actuaba en plan Tricicle. Ni sé el tiempo que nos quedamos los Salinas y yo allí, pero acabamos luego en el Azurro, y luego en el Senador, y luego en frente del Senador, que tenían colgado un cartel de Estrella de Galicia como colaborador de alguna fiesta o cosa rara… No pude resistirlo, y hasta me sentí obligado de mandar un mensaje a Salinas por si se volvía desde la cama… No fue el único mensaje de la noche, pero si el único que no llegó. Vi al día siguiente el aviso de “imposible enviar”. Desde allí seguimos para acabar en el Flash one more time. El chorra de González acabó regalando la pandereta, no sabe decir que no. Más le vale reponerla para mi vuelta a las canchas dentro de tres semanas…

    El domingo no había que madrugar, gracias a dios. Aunque tampoco es que aprovechara para descansar demasiado. Había que limpiar el congelador, cocinar lo que todavía tenía dentro y empezar a preparar ya la fiesta musical madrileña, que se nos echa el tiempo encima. Y lo más importante, había que estar listo a las 6 para ir hacia Donosti. Porque el domingo tocaba ser joven, Neil.

    titiriteros japoneses

    Mañana sabadeña de titiriteros. Buen título para un disco de música conceptual, pero no es el caso. La historia comienza a fraguarse el jueves tras el concierto de la Zimmerband, y se termina de organizar vía sms en la madrugá del viernes y sobre todo la mañana del propio sábado. Me junto con Anaia, Morales y Señoras de para ir a la décima Umore Azoka de Leioa. Décima edición, primera para mi. Vimos primero a un par de cracks que hacían El retrete de Dorian Gray, un espéctaculo con globos y música en los que cada uno de los “actores” movía la mitad del cuerpo de un bailarín, primero en un número cabaretero y luego en un rock sesentero. Espectacular. Luego una sesión de baterías-cacharrerías, pelín aburrido, y sobre todo la última actuación de una pareja de mimos japoneses, de los que cogimos un par de gestos para la noche. Una caña en la plaza después de esta actuación, y back to Deusto a comer, en el chino de Blas de Otero.

    Después de la copiosa comida vinimos a casa a por los cafés, patxaranes u orujos a elección del consumidor, y primera toma de contacto para el conciertillo que tenemos en menos de un mes en una boda de Madrid, que por mucho que sea a nivel familiar empieza a acojonar por lo poco preparados que vamos a ir. Tendremos que esperar a que estén todos borrachos para empezar… Los Morales tuvieron que retirarse relativamente pronto, ya que tenían una boda pirata por la ría, así que quedé con Salinas y González para no perder ritmo. Vimos el partido de basket y directos hacia el Bucanero para tomar la primera copa del día en condiciones. Luego una hamburguesa allí cerca y una copa por Doctor Areilza. Ya desde ahí a Pozas gritando pueblos palentinos, donde iniciamos la ronda habitual. Aunque Salinas, señora y servidor nos fuimos hacia la Gran Vía, donde habíamos quedado con los Morales a tomar algo en su boda. Hay que aprovechar las barras libres… Al cabo de un rato nos despedimos al ritmo japonés, y yo me volví bajo una tremenda tormenta hacia el Flash, ah-ahhh. Allí estaban todos, pero no aguanté más de una cerveza con esa música, así que convencí a González para volver a casa, con una última parada por Gran Vía para repetir hasta la extenuación los gestos japoneses.

    Mañana jueves tocan en el Rock Star los Riders on the Storm, es decir, lo que queda de los Doors. Ahí estaremos. Y el domingo, probablemente tras una mañana de globo toca volver a Donosti, esta vez a cumplir una deuda pendiente. El Señor Neil Young! Aunque creo que en esta gira sólo toca hora y tres cuartos, cuatro o cinco canciones…. Lo que va a gozar Salinas!

    la Zimmerband en concierto

    Vuelve a Bilbao la Zimmerband, el proyecto homenaje a Bob Dylan en el que participa Morales. Mezcla de concierto con lecturas, historias y anécdotas en plan programa de radio en directo, es una buena oportunidad para acercarse al mito de una manera diferente, y escuchar gratis a una gran banda tocar en directo los clásicos y canciones menos conocidas del siempre grande Bob Dylan.

    Este jueves 21 de mayo, en el salón de actos del Colegio de Abogados de Bilbao, a las 20:00. La dirección es Rampas de Uribitarte, nº 3. En la zona de Jardines de Albia con Mazarredo. Cuidado con llevar petacas, que igual cachean en la entrada

    criando cuervos, sábado total y cultura dominguera

    Fin de semana de nota. Primera parada a recoger a Albil en los barrios perdidos de dios. Aunque para perdido yo, que me costó llegar lo suyo. Y segunda ya en Vitoria, donde nos esperaba Morales para un día festivalero. Después de algunas vueltas para aparcar, adquisición de entradas y pa dentro. Un par de cervezas y a las campas a escuchar de lejos el concierto de los Zombies, mientras debatíamos sobre mejoras y posibilidades para el próximo concierto/jarana madrileña. Hora de los bocatas para dar paso al concierto de Soul Asylum. No congeniaron, y mira que tienen canciones que me gustan, pero ni siquiera saqué las manos de los bolsillos para cantar Runaway Train, y mira que le he brincado en bares. Eso sí, me la canté de pe a pa. Y a continuación, los únicos, los grandes, los inimitables…. los Black Crowes. Espectacular concierto, espectacular sonido, espectaculares músicos. No están entre mis grupos favoritos (si me gustaban, obviamente), pero como concierto fue espectacular, me encantó. No llegaron a apasionarme como Pearl Jam unos años antes en el mismo escenario, en el que probablemente sea el mejor concierto en el que he estado, pero probablemente entren en mi top 5. Subes el congelador tres o cuatro grados más, y ya de vicio. Al acabar el concierto vuelta a Bilbao y a dormir.

    Sábado de dormir ocho horas y tomárselo con calma para la ronda amarillo-wok, con la única presencia de González y Garret, que llegó tarde por culpa del master o similar que me está haciendo el chaval. Un poco de siesta posterior a la comida para dar tiempo a que fueran llegando el que pudo reinar y Salinas y señora. Bueno, y Jorge que nos vino con el niño de visita. A eso de las ocho pasadas, todos fuera. Primera parada en el Poza 40, donde rememoramos la vieja época de los kinitos, aunque ahora sea con wifi en el bar y estrenando mi móvil nuevo (un Nokia 5800 que ya tiene más golpes que días). Eso si, sólo 4 katxis de kalimotxo, que encima se hicieron largos. Luego al Matxitxako, donde llevamos un nuevo cd de música, y del que sonaron temazos como Erasmus Borrachas, la reina de inglaterra, Inspiración, Museo Británico, Claro y meridiano,…. Aunque nos hemos enfadado un poco con el bar por prescindir de una de nuestras camareras para ahorrarse unos raquíticos 2€ por hora. Unas cuantas cervezas. copas y patxaranes todo mezclado después enfilamos el Azurro, donde empezamos a calentar motores para Neil Young. Y luego el Senador, donde mantuve una conversación sobre Housemartins, que tiempos aquellos en los que era mi grupo favorito.

    Tras un breve amago en el Flash, en el que se quedaron algunos, marchamos los Salinas y Haytowell al Azkena, pero ahora también hay colas allí, así que los Salinas desertaron y nos quedamos nosostros solos, para tomar una medio rápida, luego volver vía Soho -en el que coincidimos con el grupo del gran Bittor, con los que me quedé yo más que Haytowell- al Flash, donde ya sólo quedaba Garret. Visto lo visto, volver a casa siempre es la mejor opción. Sábado duro, duro, aunque muy divertido con un Salinas en plena forma. O eso o se inventa cosas.

    Domingo de levantarse a ver el basket en la etb, que se acaba ya la temporada (lo mismo que las series americanas, ya casi no me quedan capítulos de ninguna). Y luego castigado sin siesta, las season finales de Perdidos y Prison Break, episodios dobles encima. Y en el caso de Prison Break, adios para siempre, ya que no habrá más temporadas. Pobre Scoffield…. Luego ducha y a darse una vuelta por el Guggenheim, que los museos eran gratis este domingo y tenía ganas de ver la exposición de Murakami. Toma pop divertido y facilón, geniales incluso muchos. Aunque la frontera entre arte, mercadotecnia, marketing, publicidad y cultura popular es demasiado estrecha. Aproveché también para ver la de Cai Guo-Qiang, y lo mismo podríamos decir. Arte es arte. Ponte peluca!