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    Histórico

    courses: Master Finanza

    nazarenos del siglo xxi

    Bueno, por decir algo. Porque el disfraz, que no era disfraz sino una fregona con un palo en el medio haciendo de sombrero, no es que tuviera mucho que ver con un nazareno. Pero lo importante era divertirse, y a fe que lo conseguimos. Al que si disfrazamos fue a Ortega, de marroquí musulmán receptor de abrazos en pos de la alianza de las civilizaciones. Vamos, que el chaval la gozó.

    Comida previa para calentar motores en el chino de Deusto con Salinas, Garret y González. Partida de mus en el Ikatz porque en el Dena Txarra no nos quisieron dar cartas (y encima nos pusieron los patxaranes en micro-dosis). Luego una siesta de la que costó un huevo levantarse, y partida de Quasar. Ducha, y a casa de González a por los disfraces. De ahí a cenar, y luego a Mazarredo con paradas previas en un karaoke detrás de Iberdrola y una en el Bounty´s Hell.

    La verdad es que no me acuerdo mucho de Mazarredo, pero bueno, supongo que me lo pasé bien porque si no me hubiera ido a casa, y a las 5 en lugar de a buscar otros garitos también. Fuimos tras la pista de un sitio nuevo en Berroeta Aldamar, pero creo que no conseguimos dar con él. En su lugar encontramos otro tenebroso por la zona, al que se accedía bajando unas escaleras. EuskalToni empezaba a apuntar maneras…

    A eso de las 7 JJ y González se apuntaron a la lista de desertores, mientras Toni y yo nos encaminamos como últimos defensores del honor hacia el Cocos, que hubo ¿suerte? y resultó que estaba abierto. No estuvimos demasiado, gracias a Dios. Tras parada en el kiosko de Indautxu a comprar una revista de cada -sic- fuimos a desayunar hacia Pozas, con encuestas políticas y futboleras a pie de calle incluidas. Como aún no teníamos muy claro qué hacer y Toni no veía como opción clara lo de marchar pa cama, cogimos un taxi y nos fuimos a desayunar otra vez donde Cerezo, que resultó que no entraba hasta las 11. Gracias a dios convencí a Toni para no esperarle, y conseguí que poco después cogiera otro taxi hasta su casa. Eso sí, cargado con sus tres bolsas llenas de unas 20 revistas que pesaban lo que no está en los escritos. Vaya resaca tuvo que tener, por cierto.

    Menos mal que no tenemos despedidas muy a menudo, aunque miedo me está dando el día de la boda. Casi tanto como Garret y sus planes más seductores…

    de pervertidos bilbaínos

    Que teníamos pendiente la historia de Albil malmetida en un comentario hace más de un mes. Así que ahí va.

    Iba ella con las manos ocupadas por bolsas de fruta y una caja de fresas en la otra cuando un hombre viejuno con el pelo teñido -para parecer menos viejuno- le dice: “¡Morenaza! ¿Dónde vas tan altiva?” (¿¿¿de qué época es esta frase????). Ella cree que a lo mejor éste le conoce, por lo que deja que se le acerque y escucha a ver si le saluda o qué es lo que quiere…

    Entonces, el hombre le agarra del brazo y le suelta: “¿Te gustaria hacer el amor?”. Imaginaos la cara que se te queda a la una del mediodia cuando un hombre viejuno te suelta eso con cortesía y humildad, pero no con menos gracia ni intención que la que tiene, pues eso, como no te lo esperas, te sale un leve “”no, no gracias” y marchas escopetado, como si se lo dijeras al vendedor de la farola o al pesao de la Cruz Roja, en fin que…

    A esto queridos lectores, sólo se me ocurre añadir que o los tiempos están cambiando y los pervertidos ya tienen hasta modales y en lugar de improperios o de brusquedades, te piden las cosas con educación o que los compañeros de terapía de Cerezo se han escapado y actúan impunemente hasta por las mañanas, o como nos gusta decir a los chavales “from dusk ´til down”…

    Así que amigas, como decían en Hill Street Blues: “… tengan cuidado ahí fuera…”

    Shaigon o HoChiMinh (fin)

    Pues vaya, con este retraso a la hora de escribir se me va a juntar Vietnam con el próximo viaje….

    Como decía, llegamos casi de noche, con escaso tiempo para cambiarnos y salir a cenar al “Ancient Town”. No lo recuerdo ahora, pero pondría la mano en el fuego porque el menú fue el típico de todos los días con su sopa, ternera, rollitos y demás. Luego, viendo que había más ambiente aquí que en Hanoi, nos animamos a ir a tomar algo. El sitio elegido fue el “Apocalipsys Now”, que quedaba cerca del hotel. Antes habíamos pasado por el “patxaran”, en el que nos encontramos con el dueño y otros españoles que vivían allí, y nos pusieron un poco al día sobre la ciudad. Bueno, el Apocalypsis estaba animado, pero sin pasarse. Sólo estaba abierto el piso inferior y la terraza, y el ambiente era tranquilo. Tomamos un par de cervezas y casi todos nos volvimos luego al hotel. Los que se quedaron, una vez desaparecidas las mujeres del grupo, sufrieron el acoso de las lugareñas, pero mientras estábamos en grupo nos respetaban. Al llegar nosostros al hotel, un Sheraton, preguntamos si podíamos quedarnos a tocar un rato el piano y un contrabajo que había, pero nos debieron ver cara de borrachos y nos mandaron para arriba.

    Al día siguiente tocaba la excursión a Cu Chi, zona de guerra en plena selva vietnamita cuya característica principal son los 200 kilómetros de túneles construidos por los locales durante la guerra que les permitieron sobrevivir y a la larga derrotar a los yankis. La verdad es que acojona simplemente la idea de sobrevivir durante años viviendo en túneles, y ya cuando entras en uno de ellos no te puedes explicar como lo hicieron. Pero lo hicieron, y gracias a ello ganaron la guerra. Bueno, gracias a estos túneles y a sus valientes soldados que combatían al enemigo invasor con la intención de conseguir el máximo reconocimiento de la época: “combatiente valiente aniquilador de yankis”. Era muy divertido el vídeo educativo que nos pusieron antes de iniciar la travesía por la selva, y desde luego esa frase fue la mejor de todas.

    En la travesía guiada por caminos de los que era recomendable no salirse, ya que había todavía minas sin explotar por la selva, fuimos viendo restos de bombas B52, las trampas que utilizaban los vietnamitas, un tanque destruido y capturado al enemigo invasor y muestras de como (sobre)vivían en la época. Por supuesto, nada de mosquitos y tonterías de esas que nos habían advertido.

    Después de comer vuelta a Ho Chi Minh (antigua Saigon) para tarde de visita al mercadillo y alrededores, porque lo que es pasear por la ciudad sin ánimo de comprar no se llevaba. No íbamos a dejar todo para el último día, así que un par de camisetas tuve que comprar para poder cambiarme, ya que había agotado mis reservas de camisetas limpias. Y también unos zapatos. Luego vuelta al hotel, ducha y a la cena de despedida en el restaurante Nam Kha, con boikot incluido de 15 minutos de retraso (que no 16, que por llegar un minuto tarde nos dejaron tirados a los hermanos). La cena estuvo bien, amenizada con bailes y músicas regionales. Y lo mejor, lo que estaba por llegar.

    Al salir de la cena, todo el mundo (salvo los portugueses, claro) al bar/restaurante Patxaran. Bueno, bar…. cuatro plantas distintas, con terraza en el ático incluida. Nada más llegar, un par de platos de jamón para los que apenas probaban la comida vientamita exceptuando el arroz, y sobre todo vino, mucho vino. Los hermanos nos pedimos un par de patxaranes como dios manda, que eso viste mucho y Salinas seguro que se siente orgulloso de mí. Di que Jose se bebió de trago la mitad del mío, antes de tomarse otros dos (me recordó a Salinas, de hecho). Así que sobre todo le di al vino, mucho vino. Teníamos música en vivo, con un grupo de versiones de rock americano, pero conseguimos que Anaia saliera a tocar y se acabó lo americano. Con él al mando tocaron Correcaminos (Extremoduro) y luego Sin Documentos de los Rodriguez (aunque aquí, claro, sin riff quedó menos lucida). Infructuosamente intenté cantar un poco de sin documentos, pero debía estar muy pedo y era incapaz de recordar la letra…. En fin, una lástima que ya se estaba despidiendo la banda y no se quedaron más, y que tampoco había una puta guitarra en el bar. ¿Qué tipo de bar español es uno en el que no hay una triste guitarra española para los turistas?

    En fin, de vuelta al hotel (algunos, porque otro grupeto se fue al Apocalypsis) nos sentamos directamente los hermanos en el piano y el contrabajo, y empezamos a tocar sin pedir permiso ni nada, ya nos echarán. Y de heho vinieron a echarnos, pero como ya habíamos empezado a tocar y tampoco debía sonar demasiado mal, nos dejaron seguir. Y ahí que seguimos durante un buen ratico, con Jose a la percusión acompañando, hasta que nos cansamos y nos retiramos un día más. De todas formas, a esas horas es imprescindible una copa encima del piano, mi mano iba a buscarla.

    En fin, el jueves era el último día, así que aprovechamos para salir a las compras de última hora, con visita previa al supermercado para verlo (un clásico para mi, siempre que se puede) y comprar algunas cosillas como café y cerveza. Luego los precavidos cartaginenses que tenían ya todo acabado con las mochilas que habíamos comprado a primera hora, se fueron a darse unos masajes (¡cabrones!) de los que hablaban maravillas luego. Anaia había quedado con una música vietnamieta de las que habían estado tocando en la cena anterior para ir a ver si compraba un instrumento típico de allí (o eso dijo él…). Así que yo, con los 6 o 7 fortasecs que llevaba en el cuerpo, me fui a terminar mis compras solito, aunque no me costó encontrar a los de Cieza, los galegos o incluso los bejaranos. Poco quedaba por comprar, de todas formas. Pero aún así, me quedé con Carlos, uno de los de Bejar, lo suficiente para llegar justo en el último minuto para terminar la maleta.

    Comimos en un rodizio brasileño camino del aeropuerto, lo que mucha gente agradeció (carne variada para elegir!!!), pero que no creo que sea lo más típico de Vietnam. Y luego a iniciar el suplicio de la vuelta, que terminaría cuando entramos en casa a eso de las ocho de la tarde del viernes. Y sin maletas, que llegaron con retraso y nos las mandaron el sábado por la mañana (encima despertándome). Pero llegamos, que es lo importante, y encantados del viaje, por el país, por la gente con la que hemos estado, y sobre todo por lo que nos hemos reido y lo bien que nos lo hemos pasado.

    Nha Trang (o sea, 2ª parte de las vacaciones vietnamitas)

    Era día 5, recuerdo. Bueno, más bien he tenido que revisarlo. El tiempo ya estaba de cambio en Hanoi, como para ir preparándonos para el sofoco que nos esperaba para darnos la bienvenida en el aeropuerto de Nha Trang. Algo mejor que el “aeropuerto” en medio de la sabana keniana que visitamos el año pasado, pero tampoco para echar cohetes, y menos si quieren convertirse en destino turístico de primer orden, para lo que están dando pasitos poco a poco (el mes que viene se celebra allí Miss Universo, por ejemplo).

    Nha Trang es una isla rodeada de varias islas, y nuestro hotel estaba situado en una de estas islas. Básicamente estaba nuestro hotel y un gran parque de atracciones, que no llegamos a pisar. Total, para marearme y pasarlo mal…. Estaba unido a la isla principal por un servicio continuo de barcos, y también por el teleférico sobre el mar más largo del mundo. No creo que sea la mejor forma de gastar el dinero para “publicitiar” un destino, pero cada uno hace con su dinero lo que quiere.

    En fin, que llegamos ya anocheciendo, y menos mal que la piscina no la cerraban de noche y pudimos darnos un baño nada más llegar. Luego hacer un poco de hambre con una cervecita (la primera 333 o BaBaBa!) y después la cena buffet, en la que por lo menos pudimos probar algunas cosas más autóctonas, aunque sin pasarse de excentricidades. Y después a la discoteca del hotel (estábamos abandonados en una isla, no había muchas opciones) donde tomamos un par de copas mientras veíamos un concierto en directo con algunos rusos borrachos. Había muchos rusos en la isla, supongo que será como el Caribe para nosotros, en cuanto a destino de playa a una distancia media. Al salir de la discoteca había un piano de cola, y a pesar de lo escaso del alcohol en sangre en ese momento, el magnetismo del piano de cola pudo más que mi timidez y estuve tocando un ratico corto para los murcianos y galegos. El resto de días se cumplió el famoso axioma de McRupperstein que dice que la carga etílica es proporcional a la destreza musical y el recuerdo de temas medio olvidadados.

    Al día siguiente tocaba visita turística de la isla y alrededores. Primero fuimos a molestar a un pequeño pueblo de pescadores, a dar caramelos a los niños que estaban jugando hasta que llegamos nosotros a fastidiarles con el plan Marshall. Cosas del Vicario, supongo. Aunque algunos nos medio escapamos a la vuelta metiéndonos en el pueblo, atravesando un minicementerio en medio del pueblo y llegando a una playa espectacular. Fuimos luego a hacer un poco de snorkel, y aunque había algo de vida tampoco era para tirar cohetes. Si debía haberla más abajo, ya que había bastante gente buceando. Una pena que no hubiera tiempo, pero bueno, simplemente estar nadando escuchando tu respiración mereció la pena. Y además no tenía yo los oídos demasiado católicos como para bajar 15 metros. Comimos en otra isla distinta, y ya de vuelta a Nha Trang destacaron las torres Ponagar Cham, que están curiosas y me volvieron a traer recuerdos de mi viaje a China hace 10 años, como en Hanoi me los habían traído los templos y los tejados, aparte de la suciedad de las calles y el rostro de la gente, por mucho que Jose se empeñe en que a chinos, vietnamitas, coreanos y japoneses se les distingue fenomenalmente por el lagrimal. Aunque realmente estas torres no tenían nada que ver con lo que ví en Pekin y alrededores; sólo la inclinación de las escaleras. También visitamos el mercado local, o mercadillo más bien, aunque tampoco aproveché para comprar nada. Bueno, miento. Compré una botella de vodka vietnamita, que según Anaia sería capaz de dejarnos ciegos a todos. Alguien más compró una botella de ron, y luego con unas tónicas, cocacolas y fantas o similar (nada más llegar al aeropuerto de Hanoi me tomé ¡una Mirinda!, y no, no era asesina) liamos una estupenda después de cenar.

    En la cena, con el grupo bien formado de españoles de más o menos todas las edades y con un total de unos 14 personajes, ¡jugamos a la abuela! En una versión light, más sencilla que la que yo había jugado, pero curioso de cualquier forma. Lo propuso Pedro, un cuarentón (esto seguro que le jode) de Cieza. Pero lo más curioso es que había uno de Guadalajara que se acercará a los 60 que jugaba ya en las peñas de su pueblo en su juventud. Pues eso, que ahí estuvimos hasta las tantas de charleta alcohólica. Nos dejaron una guitarra, pero Anaia se cargó una cuerda y no hubo manera de arreglar el desaguisado.

    El lunes era día libre, lo que equivalió a dormitar en la playa, bañarnos en el mar de China y hacer el ganso en la piscina. Varios partidos de voley en el agua, un partido de basket, y lo mejor: un 21 con reglas especiales de piscina: salpicar agua a la cara cuando estás demasiado cerca. Muy divertido. Por la tarde, sin tiempo ni a echar una siestecica, partido de futbol. Iba a ser un derbi de la máxima contra los portugueses, pero se rajaron y sólo vinieron 3. Así que jugamos mezclados sobre la arena al atardecer, todo muy poético si no fuera porque todavía tenía la comida en la garganta. Más baños después, tanto en el mar como en la piscina, más voley…. y espaldas quemadas para todo el personal.

    Después del ejercicio, una merecida cena: barbacoa junto a la piscina, con género a triscapellejo. Langostas, vieras, cangrejos (muy buenas las hembras), langostinos, carnes de varios tipos que ni caté, pescados…. Vamos, que nos pusimos las botas. Y después más alcohol y más abuelas. Anaia se quedó jugando un billar con un par de vietnamitas y un bejarano. Tenía mis sospechas de que a los quince minutos se los iban a cargar, pero apareció luego por la habitación.

    Al día siguiente, despedida ya de la playa y rumbo a Saigon / Ho Chi Minh, paramos a comer en una cervecera, donde elaboraban sus propias cervezas: rubia, blanca, roja y negra. Probé todas, y mientras la rubia y la blanca estaban ciertamente malas, la roja tenía su punto y la negra, menos negra que las que conocemos por aquí, también se dejaba beber. Por supuesto probé todas y tripití de la roja. La comida, el típico menú vietnamita conocido hasta la saciedad ya a esas alturas del viaje. Le pediré a Anaia el boceto que hizo del menú, que tiene su gracia.

    Luego tocó esperar en el aeropuerto, algo más preparado para las salidas que para las llegadas, pero con una máquina de aire acondicionado en la sala de espera en lugar de una instalación decente. Pero bueno, tampoco van a ser todo lujos, que para eso ya estaba el hotel. Llegamos muy tarde a Ho Chi Minh, pero ya desde el autobús vimos que no tenía nada que ver con Hanoi. Mucha más vida, muchas más tiendas, mucho más tráfico (que ya es decir). Pero eso será en el último episodio.

    Me olvidé del madrugón para hacer taichi en la playa, que luego fue media hora más tarde y en una sala-gimnasio en lugar de la playa. Aún así, estuvo bien.

    de vacaciones por Vietnam

    Uf, que pereza da recapitular un viaje de 10 días, aunque 3 sean de autobuses y aviones. Pero… es lo que toca por ser moderno y tener un blog. Y si no, que se lo pregunten a Damián.

    Empezamos con la parte mala, que fue coger un bus de Bilbao a Madrid a las 8 de la tarde del martes 2 de abril. Llegada a Avenida América, metro a Barajas y llegada allí a eso de las 2 de la madrugada. Después de deambular por el aeropuerto buscando algún sitio decente para tumbarnos, el Anaia pudo dormitar un par de horas mientras yo jugaba en la psp para cuidar las maletas. A las 5 am. presentación del grupo, vuelo a las 7 a Barcelona, y a las 10,25 salida hacia Singapour vía Milano. Desde Singapour escribí algo aprovechando que había ordenadores con adsl gratis disponibles por todo el aeropuerto (que es hermoso) para que la gente se conectara en sesiones de 15 minutos. Podrían tomar ejemplo los de estos lares. Y ya el último vuelo hasta Hanoi, capital de Vietnam. Sería ya mediodía del jueves para cuando aterrizamos, y un poco más tarde cuando llegamos al Hotel, el Intercontinental Hanoi Westlake. Simplemente impresionante, posiblemente la mejor habitación en la que he tenido el placer de alojarme (bueno, quizá excluyendo el Camino Real en Cabuérniga, también de grandes recuerdos)

    Lo primero que llama la atención al llegar a la ciudad es el tráfico. Motos por todas partes conduciendo como locos sin sentido… bueno, eso parece. Pero en el fondo es una maquinaria precisa en la que la prioridad la dicta el tamaño de tu vehículo, tus movimientos se guían más por los bocinazos del que tienes detrás que por tus propios ojos, y en la que da lo mismo moto grande, bici o moto pequeña, porque la velocidad es bastante baja para absorver el fluir del tráfico en todas las direcciones. La mayoría de las calles no tienen carriles (¿para qué?) y salvo en alguna avenida grande no hay aceras para los escasos coches, aunque las ventas están creciendo actualmente a ritmos superiores al 100% (una semana leyendo dos o tres periódicos locales al día enseña mucho). Eso si que puede ser un caos, porque actualmente los coches en circulación son minoría ridícula respecto a las motos; eso sí, todos nuevos. Pero si empezamos a sustituir moto por coche…. no caben.

    Nos dio tiempo a pasear un rato por Hanoi aprovechando la tarde libre, más bien dedicada a mirar tiendas y callejear. Muchos se lanzaron ávidos sobre zapatos, camisas y demás, pero nosotros no compramos nada. Y antes de volver al hotel, que mejor que darse a la bebida. Ronda de cervezas, Heineken los tradicionales y vietnamitas los osados. Saigon y Hanoi, suaves ambas. Pedro from Cieza consiguió que nos trajeran unos escombros, lo que traducido del panocho significa “algo para picar”. Y ya después al hotel, a cenar y a tomar una tranquilitos antes de irnos a descansar.

    El viernes amaneció temprano, y qué mejor forma de empezar el día que con una ducha y un desayuno buffet en hotel de 5 estrellas. Visita guiada por la ciudad, que en breve celebra su primer milenio de existencia (apunte culutral). Fuimos hacia una pagoda, luego el Mauseleo de Ho Chi Mih, pero justo el viernes cerraba y nos quedamos sin ver el cuerpo embalsamado del líder espiritual, político y propagandístico; y por último, al templo de la sabiduría, que dicen que fue la primera universidad de Vietnam. Sin aulas, eso sí. Todos a pensar y estudiar en la calle. Está curioso, con tortugas cortadas con lápidas por la mitad, con grafía originaria vietnamita (con la invasión francesa tomaron el alfabeto romano, qué pena). Comida y luego la gran aventura: ¡¡paseo en bicicleta!! Un ricksaw por medio del bullicio, aunque realmente no hubo sensación de miedo en ningún momento. Unas horas por allí y te convences de que el caos no es tal caos, de que no hay peligros a pesar de que te pasen casi rozando los coches, las motos o incluso los peatones. De ésto grabé un mini-video, bastante curioso.


    Luego hubo cena e intento de conocer la marcha nocturna vietnamita, pero parece ser que Hanoi no es el lugar idóneo para salir. El centro estaba totalmente desierto, con calles vacías y bares y pubs cerrados a cal y canto. Así que nos retiramos al Hotel Sheraton, que estaba al lado del nuestro y nos habían dicho que había algo de ambiente. ¿Algo? A tope de vietnamitas la discoteca! También algún guiri, pero menos. Se alternaban borrachos dándolo todo y caras somnolientas, bailarines grotescos, amantes del manga y hasta Johny Bashmati. Impagable. Pero el cuerpo aún no se había hecho al cambio horario, los cubatas no es que estuvieran demasiado bien preparados y al día siguiente había que madrugar. Así que dos gin tonics después (bueno, también tuvo su parte de culpa el hecho de que cerraron el garito) nos encaminamos todos a nuestro hotel.

    La comida hasta entonces bastante potable. Variedad, muchas verduras que casi ni probé, los rollitos vietnamitas espectaculares, la mitad de la gente haciéndose a los palillos, la otra mitad ni mirándolos de lejos, algunos pasando hambre o sobreviviendo a base de lo traído desde España (cacahuetes, bocadillos de jamón comprados en el aeropuerto, barritas energéticas, complementos vitamínicos….). Pero para los hermanos, todo estupendo.

    El sábado, viaje a la paradisiaca Nha Trang. Será en la segunda parte del viaje.