(publicado 31.08.2011)
El viernes amaneció tardío, y tras desayunar/comer en el camping nos acercamos a sestear en las piscinas. Nos volvimos justo a la hora de los conciertos, aunque de nuevo me tocó ir sólo. Conciertazo de Bigott, todo un personaje, para empezar la tarde a las 7, a los que siguió Tachenko, en su primer concierto tras el accidente con Micah P.Hinson. Descanso para reponer fuerzas cuando salieron los Campesinos, y vuelta al recinto cuando acababan Niños Mutantes. Maravilloso el recital de Nacho Vegas, reducido a algo menos de una hora en la que tuvo que seleccionar más de la cuenta, pero con un sonido espectacular. Cuets llegó para disfrutar la gran broma final y sonora. Siguieron Catpeople, Sexy Sadie (versión de American Girl incluida, pero esta vez sin la interrupción de Salinas para decirme que había palmado Amy Winehouse, como sucedió en el Low Cost de Benidorm), Second, un Iván Ferreiro algo más entretenido que la otra vez que le había visto, los bailongos Delorean y Dorian, de los que huimos para ir a dormir Cuets y yo. Había que coger fuerzas para lo que quedaba. Los de San Sebastián prefirieron estrenar las carpas, aprovechando también que habían llegado unos colegas suyos de Galicia.
Más descansados, el sábado relativamente pronto fuimos Alberto y yo a disfrutar del ambiente de Aranda durante el día. Conciertos en diferentes escenarios, destacando el de Hola a todo el mundo, con miles de instrumentos y unas pintas estrafalarias muy acordes a nuestros gustos, bodegas en las que comer morcilla y chorizo de la tierra junto con el vino barato también de la tierra (que era gratis) y un ambientazo genial. Luego fuimos a las piscinas a dormir un rato y pegarnos un baño, y allí el ambiente era todavía más salvaje que en el pueblo, concierto incluido. Allí estaba ya el resto de la manada, que una vez más se escaqueó de los primeros conciertos de la tarde. Y eso que todo un Lapido estrenaba la jornada, con un buen set de puro rock n´ roll clásico. Siguieron los catalanes Mishima, que dejaron buen sabor de boca, y luego una gran actuación de Xoel, del que me faltaron muchos clásicos (es lo que tiene hacer conciertos de tres cuartos de hora). Aun sin anochecer salió la Orquesta Poligonera para dar su último concierto, juntando en el escenario a Ferreiro, Coque Malla, Lori Meyers, Annie B.Sweet… para un setlist en el que cada cual hacía un tema propio, salvo Coque que se decantó por Radio Futura. Y al final, todos juntos cantando una de Alaska en el mejor momento del concierto. Crítica para Ferreiro por volver a tocar Turnedo, que había sonado ya el día anterior, en lugar de haber elegido algo de los Piratas. Cansino Ferreiro. No me extraña que le llamemos así. Desde aquí desde mi casa, eso sí, también ha sido una de las frases del festival.
Siguieron La Habitación Roja, y sobre todo 2 bandas y un destino, o lo que es lo mismo, Arizona Baby más Los Coronas. Los grandes triunfadores del festival. Se la sudaron las limitaciones horarios y aunque no llegaron a las tres horas que suelen ofrecer en condiciones normales, si que se acercaron a las dos. Y aun así se hizo corto, qué gran mezcla de barbas y sombreros con guitarras y silbidos… El salvaje oeste nunca sonó tan bien como en Aranda. Lo de Supersubmarina de luego en comparación fue de chiste, y aunque Shout Out Louds mejoró algo antes de llegar a Rinocerose, que cumplieron con un frontman que nunca sabes si es de chiste, pero que dejó a todo el mundo encantado. A mi me fliparon más la primera vez que les vi en el Bilbao Live, pero desde luego es un conciertazo para bailar y hacer el ganso. Acabaron la jornada El Columpio Asesino, ya que del Guincho pasamos para dirigirnos a las carpas, en la que tras una primera sesión electrónica cutrona empezaron a pinchar clásicos de los 60 al 2000 que no dejábamos de cantar y danzar, malditos.
El domingo tocó ir todos juntos a disfrutar del pueblo, aunque ya no había degustaciones gratuitas. Unas rabas con cocacolas y nesteas para empezar la media-mañana, seguida de conciertos varios en el escenario Red Bull, acompañados ya de litronas y junto a señoras que ofrecían su botiquín de pastillas a quien quisiera apuntarse. Pasadas las 4 fue complicado encontrar donde comer, a pesar de que en un bar nos ofrecieron “chuches, y salados en la parte de abajo” como opción. Al final tomamos un menú del día en un Gambrinus, y cuando todo el mundo apostaba por pasar la tarde en las piscinas, Pitxer dijo que el se quedaba allí, que el ambientazo ese era irrenunciable. Y por no dejarle solo, uno que es buena gente se quedó con él. Gran acierto, claro. De plaza en plaza escuchando música, bailando como posesos, descansando a ratos, hablando con la gente otros. Gran tipo un gaditano que vive en Granada y que iba con su pase de pillar (pase vip, vamos) para poder entrar con los grupos a meterse rayas, porque por lo que contaba era amigo de prácticamente todos los grupos, al menos los andaluces. Aparte de eso, el chaval era divertido y contaba cosas interesantes, fue una buena tarde. Tocó reunirse con el resto luego para desmontar el chiringuito y llevar todo al coche, por lo que nos perdimos los primeros conciertos, aunque a Fernando Alfaro lo medio escuchamos desde fuera.
Llegamos para ver a Hidden Cameras criticar a Rajoy y al papa mientras tocaban música bailable, y luego el show soseras de La bien querida mientras cenábamos. Ya al 100% disfrutamos de Teenage Fanclub, a los que había visto en Berlín hacía unos meses en un show muy parecido, con un sonido elegante y grandes voces. Y una vez acabado este concierto tocó despedirse de los gallegos, que hacían noche, y de Cuets que se volvía a Madrid mientras la marabunta de gente del pueblo y alrededores llegaban para ver la única cita este año de Amaral, a la que no nos podíamos quedar ya que siete horas después debíamos coger un autobús en Bilbao rumbo Donosti. Así que nos metimos casi tres horas de viaje para llegar a mi casa a descansar otras tres horitas antes de levantarnos para acudir al Abordaia Eguna en la Aste Nagusia donostiarra, otra gran experiencia de este verano.
Resumiendo: el año que viene tocará volver. Y que nadie lo dude, es un festival que merece la pena, independientemente del cartel que tenga. Si a eso le sumamos las gentes del Telesketch, a los que posteriormente plagiamos en Aste Nagusia, los cánticos variados al sonido de los White Stripes (hoy, cerramos la caaaarpa….), los nihilistas de Dorian y la compañía…. Ambientazo.